
En toda América Latina, los usuarios hoy se mueven con naturalidad entre transferencias estilo Pix, pagos en cuotas con tarjeta y aplicaciones de comercios, sin pensar en las infraestructuras que operan detrás. Ese comportamiento marca el tono de 2026. Bancos y procesadores deben mantener la estabilidad de los servicios a través de canales que crecen a ritmos distintos y presentan perfiles de riesgo diferentes, especialmente cuando los pagos respaldan el gasto cotidiano.
Iniciativas nacionales como Pix en Brasil, Transferencias 3.0 en Argentina y Bre-B en Colombia ilustran cómo los pagos inmediatos han evolucionado más allá de las transferencias, convirtiéndose en entornos interoperables y listos para el comercio. Este patrón también se refleja en los análisis transversales del Bank for International Settlements, que trabaja con bancos centrales a nivel global.
A medida que estos sistemas absorben un mayor volumen de actividad diaria, el foco para 2026 se centra en identificar dónde se está concentrando el volumen transaccional y qué se requiere para operar esos espacios de forma confiable, abarcando adquirencia, pagos inmediatos, controles antifraude y ecosistemas de pago compartidos.
Vistas en conjunto, estas presiones apuntan a un número reducido de áreas donde el crecimiento de los pagos adquiere una relevancia operativa significativa. Se extienden a la adquirencia, los pagos inmediatos, el comercio electrónico, la gestión del fraude y los ecosistemas digitales de pago, y explican por qué la coordinación y la ejecución pesan hoy más que la expansión incremental.
Cinco ejes, en particular, definen cómo los bancos de la región están respondiendo.
La actividad de los comercios sigue siendo uno de los indicadores más claros de dónde se concentra el crecimiento de los pagos. A medida que el comercio se expande en línea y a través de fronteras, los comercios esperan que la aceptación funcione de forma consistente entre tarjetas domésticas, esquemas internacionales y métodos de pago locales. La confiabilidad se mide cada vez más a lo largo de toda la experiencia de checkout y liquidación, y no dentro de canales aislados.
Esto ha redefinido el enfoque de la modernización de la adquirencia. El foco ya no está en reemplazar terminales, sino en construir plataformas de aceptación que permitan onboarding ágil, ruteo flexible y reportes consolidados entre canales. Un ejemplo es KLAP, una red de adquirencia chilena que ha modernizado su infraestructura de procesamiento, habilitando la aceptación de Visa y Mastercard a través de su red.
Investigaciones sobre entornos de pago para comercios muestran que, en América Latina, muchas empresas dependen de múltiples pasarelas o procesadores, lo que incrementa la carga operativa y la exposición al riesgo cuando los entornos de adquirencia no están diseñados para coordinar eficazmente esas conexiones.
En 2026, el crecimiento de la adquirencia se concentra en plataformas que simplifican la aceptación para los comercios, al tiempo que brindan a los bancos mayor visibilidad sobre la liquidación, la conciliación y el riesgo.
América Latina es una de las regiones más activas del mundo en pagos inmediatos. Infraestructuras nacionales como Pix se han convertido en el núcleo de la actividad diaria de pagos, abarcando facturación, transacciones comerciales y casos de uso recurrentes.
En toda la región, las iniciativas de pagos inmediatos se están extendiendo hacia entornos comerciales más amplios mediante interoperabilidad y marcos de datos más ricos. En Brasil, el lanzamiento de funcionalidades de pagos recurrentes a través de Pix Automático refuerza esta dirección, habilitando pagos tipo suscripción y esquemas de facturación periódica sobre rieles inmediatos.
El crecimiento se concentra allí donde los pagos inmediatos se integran de forma fluida con el onboarding de comercios, la conciliación y la gestión de disputas, en lugar de operar como mecanismos aislados de transferencia.
El comercio electrónico continúa concentrando volumen de pagos en América Latina, llevando las transacciones a entornos donde las expectativas de desempeño son inflexibles. Las proyecciones indican que las ventas minoristas en e-commerce en la región siguen creciendo a un ritmo superior al de muchos mercados comparables a nivel global, impulsadas por el uso móvil y la expansión de los servicios digitales.
A medida que los volúmenes aumentan, el desempeño del checkout deja poco margen de error. Retrasos, autenticaciones inconsistentes o reintentos fallidos se traducen directamente en ventas perdidas. Esto ha intensificado el foco en la orquestación, garantizando que tarjetas, pagos inmediatos y billeteras operen de manera coordinada y consistente.
En la práctica, el e-commerce expone límites operativos. Brechas en el ruteo, controles antifraude no coordinados o procesos de liquidación lentos —que pueden ser manejables con volúmenes bajos— se vuelven visibles bajo una demanda digital sostenida.
Los patrones de fraude en América Latina reflejan cada vez más la manipulación del usuario que las vulnerabilidades puramente técnicas. La ingeniería social, el fraude autorizado y el uso indebido de cuentas afectan tanto a los pagos inmediatos como al comercio electrónico, a menudo atravesando múltiples canales dentro de un mismo recorrido del cliente.
La gestión del fraude en 2026 se está concentrando en enfoques de nivel empresarial que conectan señales entre canales y tipos de pago. Los modelos de aceptación construidos sobre múltiples pasarelas y procesadores incrementan la exposición al riesgo cuando los controles antifraude no están alineados entre rieles de pago.
Los bancos están equilibrando dos presiones contrapuestas: contener las pérdidas sin imponer controles excesivamente restrictivos que incrementen los rechazos falsos y erosionen la confianza del cliente. Un ejemplo en 2025 es Banco Finandina, que decidió reforzar la seguridad de sus canales de comercio electrónico, protegiendo todas sus transacciones de compra en línea.
El transporte ofrece un ejemplo tangible de cómo los pagos se convierten en infraestructura embebida. Los modelos de transporte open-loop que aceptan tarjetas, billeteras o pagos vía QR se están expandiendo en ciudades de la región, conectando bancos, operadores públicos y usuarios a través de entornos de pago compartidos.
Estos casos de uso imponen exigencias específicas a los sistemas de pago: alta frecuencia transaccional, valores unitarios bajos y visibilidad inmediata ante cualquier caída en la disponibilidad.
La experiencia en ecosistemas de pagos para transporte y movilidad demuestra cómo estos entornos dependen de un procesamiento confiable, liquidaciones predecibles y un desempeño consistente a escala.
El crecimiento de los pagos en América Latina no se focaliza en un único riel o categoría de producto. Se está concentrando allí donde la expansión se cruza con la realidad operativa: plataformas de adquirencia que habilitan una aceptación más amplia, pagos inmediatos integrados al comercio, volúmenes de e-commerce que ponen a prueba el desempeño, controles antifraude que atraviesan canales y casos de uso ecosistémicos —como el transporte— que exigen confiabilidad a escala.
Los bancos que abordan estas áreas como prioridades conectadas, y no como iniciativas aisladas, estarán mejor posicionados para sostener el crecimiento manteniendo el control sobre el riesgo, la liquidación y la experiencia del cliente.
En toda América Latina, los usuarios hoy se mueven con naturalidad entre transferencias estilo Pix, pagos en cuotas con tarjeta y aplicaciones de comercios, sin pensar en las infraestructuras que operan detrás. Ese comportamiento marca el tono de 2026. Bancos y procesadores deben mantener la estabilidad de los servicios a través de canales que crecen a ritmos distintos y presentan perfiles de riesgo diferentes, especialmente cuando los pagos respaldan el gasto cotidiano.
Iniciativas nacionales como Pix en Brasil, Transferencias 3.0 en Argentina y Bre-B en Colombia ilustran cómo los pagos inmediatos han evolucionado más allá de las transferencias, convirtiéndose en entornos interoperables y listos para el comercio. Este patrón también se refleja en los análisis transversales del Bank for International Settlements, que trabaja con bancos centrales a nivel global.
A medida que estos sistemas absorben un mayor volumen de actividad diaria, el foco para 2026 se centra en identificar dónde se está concentrando el volumen transaccional y qué se requiere para operar esos espacios de forma confiable, abarcando adquirencia, pagos inmediatos, controles antifraude y ecosistemas de pago compartidos.
Vistas en conjunto, estas presiones apuntan a un número reducido de áreas donde el crecimiento de los pagos adquiere una relevancia operativa significativa. Se extienden a la adquirencia, los pagos inmediatos, el comercio electrónico, la gestión del fraude y los ecosistemas digitales de pago, y explican por qué la coordinación y la ejecución pesan hoy más que la expansión incremental.
Cinco ejes, en particular, definen cómo los bancos de la región están respondiendo.
La actividad de los comercios sigue siendo uno de los indicadores más claros de dónde se concentra el crecimiento de los pagos. A medida que el comercio se expande en línea y a través de fronteras, los comercios esperan que la aceptación funcione de forma consistente entre tarjetas domésticas, esquemas internacionales y métodos de pago locales. La confiabilidad se mide cada vez más a lo largo de toda la experiencia de checkout y liquidación, y no dentro de canales aislados.
Esto ha redefinido el enfoque de la modernización de la adquirencia. El foco ya no está en reemplazar terminales, sino en construir plataformas de aceptación que permitan onboarding ágil, ruteo flexible y reportes consolidados entre canales. Un ejemplo es KLAP, una red de adquirencia chilena que ha modernizado su infraestructura de procesamiento, habilitando la aceptación de Visa y Mastercard a través de su red.
Investigaciones sobre entornos de pago para comercios muestran que, en América Latina, muchas empresas dependen de múltiples pasarelas o procesadores, lo que incrementa la carga operativa y la exposición al riesgo cuando los entornos de adquirencia no están diseñados para coordinar eficazmente esas conexiones.
En 2026, el crecimiento de la adquirencia se concentra en plataformas que simplifican la aceptación para los comercios, al tiempo que brindan a los bancos mayor visibilidad sobre la liquidación, la conciliación y el riesgo.
América Latina es una de las regiones más activas del mundo en pagos inmediatos. Infraestructuras nacionales como Pix se han convertido en el núcleo de la actividad diaria de pagos, abarcando facturación, transacciones comerciales y casos de uso recurrentes.
En toda la región, las iniciativas de pagos inmediatos se están extendiendo hacia entornos comerciales más amplios mediante interoperabilidad y marcos de datos más ricos. En Brasil, el lanzamiento de funcionalidades de pagos recurrentes a través de Pix Automático refuerza esta dirección, habilitando pagos tipo suscripción y esquemas de facturación periódica sobre rieles inmediatos.
El crecimiento se concentra allí donde los pagos inmediatos se integran de forma fluida con el onboarding de comercios, la conciliación y la gestión de disputas, en lugar de operar como mecanismos aislados de transferencia.
El comercio electrónico continúa concentrando volumen de pagos en América Latina, llevando las transacciones a entornos donde las expectativas de desempeño son inflexibles. Las proyecciones indican que las ventas minoristas en e-commerce en la región siguen creciendo a un ritmo superior al de muchos mercados comparables a nivel global, impulsadas por el uso móvil y la expansión de los servicios digitales.
A medida que los volúmenes aumentan, el desempeño del checkout deja poco margen de error. Retrasos, autenticaciones inconsistentes o reintentos fallidos se traducen directamente en ventas perdidas. Esto ha intensificado el foco en la orquestación, garantizando que tarjetas, pagos inmediatos y billeteras operen de manera coordinada y consistente.
En la práctica, el e-commerce expone límites operativos. Brechas en el ruteo, controles antifraude no coordinados o procesos de liquidación lentos —que pueden ser manejables con volúmenes bajos— se vuelven visibles bajo una demanda digital sostenida.
Los patrones de fraude en América Latina reflejan cada vez más la manipulación del usuario que las vulnerabilidades puramente técnicas. La ingeniería social, el fraude autorizado y el uso indebido de cuentas afectan tanto a los pagos inmediatos como al comercio electrónico, a menudo atravesando múltiples canales dentro de un mismo recorrido del cliente.
La gestión del fraude en 2026 se está concentrando en enfoques de nivel empresarial que conectan señales entre canales y tipos de pago. Los modelos de aceptación construidos sobre múltiples pasarelas y procesadores incrementan la exposición al riesgo cuando los controles antifraude no están alineados entre rieles de pago.
Los bancos están equilibrando dos presiones contrapuestas: contener las pérdidas sin imponer controles excesivamente restrictivos que incrementen los rechazos falsos y erosionen la confianza del cliente. Un ejemplo en 2025 es Banco Finandina, que decidió reforzar la seguridad de sus canales de comercio electrónico, protegiendo todas sus transacciones de compra en línea.
El transporte ofrece un ejemplo tangible de cómo los pagos se convierten en infraestructura embebida. Los modelos de transporte open-loop que aceptan tarjetas, billeteras o pagos vía QR se están expandiendo en ciudades de la región, conectando bancos, operadores públicos y usuarios a través de entornos de pago compartidos.
Estos casos de uso imponen exigencias específicas a los sistemas de pago: alta frecuencia transaccional, valores unitarios bajos y visibilidad inmediata ante cualquier caída en la disponibilidad.
La experiencia en ecosistemas de pagos para transporte y movilidad demuestra cómo estos entornos dependen de un procesamiento confiable, liquidaciones predecibles y un desempeño consistente a escala.
El crecimiento de los pagos en América Latina no se focaliza en un único riel o categoría de producto. Se está concentrando allí donde la expansión se cruza con la realidad operativa: plataformas de adquirencia que habilitan una aceptación más amplia, pagos inmediatos integrados al comercio, volúmenes de e-commerce que ponen a prueba el desempeño, controles antifraude que atraviesan canales y casos de uso ecosistémicos —como el transporte— que exigen confiabilidad a escala.
Los bancos que abordan estas áreas como prioridades conectadas, y no como iniciativas aisladas, estarán mejor posicionados para sostener el crecimiento manteniendo el control sobre el riesgo, la liquidación y la experiencia del cliente.
En toda América Latina, los usuarios hoy se mueven con naturalidad entre transferencias estilo Pix, pagos en cuotas con tarjeta y aplicaciones de comercios, sin pensar en las infraestructuras que operan detrás. Ese comportamiento marca el tono de 2026. Bancos y procesadores deben mantener la estabilidad de los servicios a través de canales que crecen a ritmos distintos y presentan perfiles de riesgo diferentes, especialmente cuando los pagos respaldan el gasto cotidiano.
Iniciativas nacionales como Pix en Brasil, Transferencias 3.0 en Argentina y Bre-B en Colombia ilustran cómo los pagos inmediatos han evolucionado más allá de las transferencias, convirtiéndose en entornos interoperables y listos para el comercio. Este patrón también se refleja en los análisis transversales del Bank for International Settlements, que trabaja con bancos centrales a nivel global.
A medida que estos sistemas absorben un mayor volumen de actividad diaria, el foco para 2026 se centra en identificar dónde se está concentrando el volumen transaccional y qué se requiere para operar esos espacios de forma confiable, abarcando adquirencia, pagos inmediatos, controles antifraude y ecosistemas de pago compartidos.
Vistas en conjunto, estas presiones apuntan a un número reducido de áreas donde el crecimiento de los pagos adquiere una relevancia operativa significativa. Se extienden a la adquirencia, los pagos inmediatos, el comercio electrónico, la gestión del fraude y los ecosistemas digitales de pago, y explican por qué la coordinación y la ejecución pesan hoy más que la expansión incremental.
Cinco ejes, en particular, definen cómo los bancos de la región están respondiendo.
La actividad de los comercios sigue siendo uno de los indicadores más claros de dónde se concentra el crecimiento de los pagos. A medida que el comercio se expande en línea y a través de fronteras, los comercios esperan que la aceptación funcione de forma consistente entre tarjetas domésticas, esquemas internacionales y métodos de pago locales. La confiabilidad se mide cada vez más a lo largo de toda la experiencia de checkout y liquidación, y no dentro de canales aislados.
Esto ha redefinido el enfoque de la modernización de la adquirencia. El foco ya no está en reemplazar terminales, sino en construir plataformas de aceptación que permitan onboarding ágil, ruteo flexible y reportes consolidados entre canales. Un ejemplo es KLAP, una red de adquirencia chilena que ha modernizado su infraestructura de procesamiento, habilitando la aceptación de Visa y Mastercard a través de su red.
Investigaciones sobre entornos de pago para comercios muestran que, en América Latina, muchas empresas dependen de múltiples pasarelas o procesadores, lo que incrementa la carga operativa y la exposición al riesgo cuando los entornos de adquirencia no están diseñados para coordinar eficazmente esas conexiones.
En 2026, el crecimiento de la adquirencia se concentra en plataformas que simplifican la aceptación para los comercios, al tiempo que brindan a los bancos mayor visibilidad sobre la liquidación, la conciliación y el riesgo.
América Latina es una de las regiones más activas del mundo en pagos inmediatos. Infraestructuras nacionales como Pix se han convertido en el núcleo de la actividad diaria de pagos, abarcando facturación, transacciones comerciales y casos de uso recurrentes.
En toda la región, las iniciativas de pagos inmediatos se están extendiendo hacia entornos comerciales más amplios mediante interoperabilidad y marcos de datos más ricos. En Brasil, el lanzamiento de funcionalidades de pagos recurrentes a través de Pix Automático refuerza esta dirección, habilitando pagos tipo suscripción y esquemas de facturación periódica sobre rieles inmediatos.
El crecimiento se concentra allí donde los pagos inmediatos se integran de forma fluida con el onboarding de comercios, la conciliación y la gestión de disputas, en lugar de operar como mecanismos aislados de transferencia.
El comercio electrónico continúa concentrando volumen de pagos en América Latina, llevando las transacciones a entornos donde las expectativas de desempeño son inflexibles. Las proyecciones indican que las ventas minoristas en e-commerce en la región siguen creciendo a un ritmo superior al de muchos mercados comparables a nivel global, impulsadas por el uso móvil y la expansión de los servicios digitales.
A medida que los volúmenes aumentan, el desempeño del checkout deja poco margen de error. Retrasos, autenticaciones inconsistentes o reintentos fallidos se traducen directamente en ventas perdidas. Esto ha intensificado el foco en la orquestación, garantizando que tarjetas, pagos inmediatos y billeteras operen de manera coordinada y consistente.
En la práctica, el e-commerce expone límites operativos. Brechas en el ruteo, controles antifraude no coordinados o procesos de liquidación lentos —que pueden ser manejables con volúmenes bajos— se vuelven visibles bajo una demanda digital sostenida.
Los patrones de fraude en América Latina reflejan cada vez más la manipulación del usuario que las vulnerabilidades puramente técnicas. La ingeniería social, el fraude autorizado y el uso indebido de cuentas afectan tanto a los pagos inmediatos como al comercio electrónico, a menudo atravesando múltiples canales dentro de un mismo recorrido del cliente.
La gestión del fraude en 2026 se está concentrando en enfoques de nivel empresarial que conectan señales entre canales y tipos de pago. Los modelos de aceptación construidos sobre múltiples pasarelas y procesadores incrementan la exposición al riesgo cuando los controles antifraude no están alineados entre rieles de pago.
Los bancos están equilibrando dos presiones contrapuestas: contener las pérdidas sin imponer controles excesivamente restrictivos que incrementen los rechazos falsos y erosionen la confianza del cliente. Un ejemplo en 2025 es Banco Finandina, que decidió reforzar la seguridad de sus canales de comercio electrónico, protegiendo todas sus transacciones de compra en línea.
El transporte ofrece un ejemplo tangible de cómo los pagos se convierten en infraestructura embebida. Los modelos de transporte open-loop que aceptan tarjetas, billeteras o pagos vía QR se están expandiendo en ciudades de la región, conectando bancos, operadores públicos y usuarios a través de entornos de pago compartidos.
Estos casos de uso imponen exigencias específicas a los sistemas de pago: alta frecuencia transaccional, valores unitarios bajos y visibilidad inmediata ante cualquier caída en la disponibilidad.
La experiencia en ecosistemas de pagos para transporte y movilidad demuestra cómo estos entornos dependen de un procesamiento confiable, liquidaciones predecibles y un desempeño consistente a escala.
El crecimiento de los pagos en América Latina no se focaliza en un único riel o categoría de producto. Se está concentrando allí donde la expansión se cruza con la realidad operativa: plataformas de adquirencia que habilitan una aceptación más amplia, pagos inmediatos integrados al comercio, volúmenes de e-commerce que ponen a prueba el desempeño, controles antifraude que atraviesan canales y casos de uso ecosistémicos —como el transporte— que exigen confiabilidad a escala.
Los bancos que abordan estas áreas como prioridades conectadas, y no como iniciativas aisladas, estarán mejor posicionados para sostener el crecimiento manteniendo el control sobre el riesgo, la liquidación y la experiencia del cliente.