
2026 arranca con grandes avances para los ecosistemas financieros y de pagos a nivel global: las fronteras entre bancos tradicionales y Fintechs se estrechan cada vez más rápido, la inteligencia artificial redefine incontables procesos y la infraestructura de pagos se vuelve más global y en tiempo real gracias a las tarjetas globales y stablecoins. Todo, en un contexto donde las necesidades de empresas y personas evolucionan rápido. Y donde los productos financieros deben responder con velocidad, seguridad y escala.
La globalización de los consumos y el crecimiento del comercio electrónico internacional están acelerando la necesidad de productos financieros diseñados para operar más allá de las fronteras locales. En este contexto, las tarjetas globales se están convirtiendo en un nuevo estándar en América Latina y el mundo. No se trata solo de una tarjeta que funcione en el exterior, sino de una solución pensada desde su diseño para operar en múltiples países, monedas y escenarios de uso, cumpliendo con normativas y garantizando una experiencia fluida para empresas y usuarios.
Las tarjetas globales son buscadas cada vez más como una alternativa que ofrece estabilidad monetaria, ahorro en costos por conversión y aceptación internacional sin límites. En este contexto, se destacan múltiples casos de uso:
Emitir este tipo de tarjetas en la región solía ser complejo: requería licencias locales, múltiples integraciones y una arquitectura operativa difícil de escalar. Hoy, gracias a nuestra tecnología next-gen, las empresas pueden emitir tarjetas globales desde una sola integración y expandir sus negocios sin fricciones en la región, con soporte multi-país, licencias resueltas y funcionalidades como tokenización y CVV dinámico, que robustecen la seguridad y experiencia de los usuarios.
En una reciente entrevista con Bloomberg Línea, nuestro CEO & Co-Founder, Gastón Irigoyen comentaba lo siguiente sobre esta tendencia: “Vemos un fuerte impulso de la tarjeta global, es decir, tarjetas en dólares o en stablecoins para consumos internacionales, tanto en compras online como en transacciones presenciales durante viajes. Esta tendencia refuerza la idea de propuestas de valor que combinan tarjetas locales con tarjetas globales, y esperamos que muchos jugadores comiencen a lanzar estos productos, los cuales Pomelo ya ofrece”. Lee más insights de Gastón de cara al 2026 en la nota completa.
Mientras las tarjetas globales abren nuevas puertas para consumir sin fronteras, las stablecoins están cambiando la forma de mover dinero de manera rápida, segura y sin intermediarios costosos. Su adopción crece tanto en soluciones B2C como en productos corporativos, gracias a su estabilidad frente a la volatilidad cambiaria, alta liquidez y disponibilidad 24/7. En esencia, combinan la estabilidad del dinero tradicional con la agilidad de la tecnología blockchain.
En julio pasado, el Congreso de Estados Unidos aprobó la primera legislación federal sobre criptomonedas, la Ley GENIUS, que establece un marco regulatorio para las stablecoins respaldadas por activos como el dólar. Según una encuesta de EY-Parthenon, gracias a esa claridad normativa, el 54 % de las empresas planea adoptar monedas estables en los próximos 6 a 12 meses. Esto impulsa a explorar arquitecturas híbridas donde coexistan rails tradicionales y sistemas tokenizados, potenciando la interoperabilidad global sin perder seguridad ni cumplimiento.
Desde Pomelo, entendemos que las stablecoins ya no son una promesa del futuro, sino una infraestructura real y en expansión, capaz de soportar pagos, liquidaciones, remesas y hasta programas de tarjetas. Tal como comentó nuestro CEO & Co-Founder, Gastón Irigoyen, en el reporte publicado por Privy, “Las stablecoins marcan el surgimiento de un nuevo sistema financiero que resolverá las ineficiencias heredadas del pasado”.
La tradicional separación entre bancos y Fintechs se desvanece cada vez más rápido. En 2026, ambos jugadores comparten la necesidad de infraestructuras seguras, flexibles e integradas que soporten pagos instantáneos, gestión de datos y experiencias omnicanal. Este movimiento representa un punto de convergencia estratégica donde la velocidad al mercado, la resiliencia y la capacidad de innovación son tan importantes como la escala y la estructura. Todo, por supuesto, sin perder de vista la seguridad.
Los bancos tradicionales comprendieron que sus proveedores históricos ya no logran acompañar la velocidad y flexibilidad que demandan los usuarios actualmente, además de la competitividad que están perdiendo frente a las ofertas innovadoras de las Fintech. Es allí donde la diferenciación se destaca como un aspecto que en el 2026 no se puede perder de vista. Antes, la uniformidad era sinónimo de solidez y estabilidad, pero las propuestas de valor Fintech exigen romper con eso y dar experiencias personalizadas a los usuarios para retenerlos.
“La región entra en una etapa en la que la tecnología deja de ser un soporte para convertirse en el centro de la estrategia. Esto abre una oportunidad histórica para la banca: modernizar su infraestructura, diferenciar sus productos y acompañar el crecimiento esperado para 2026, especialmente en áreas como crédito corporativo, expansión regional y nuevas experiencias de pago. Las entidades que combinen agilidad y escala estarán mejor posicionadas para liderar la próxima década financiera en América Latina”, detalló Hernán Corral, nuestro CPO y Co-Founder, en una nota al prestigioso medio colombiano Ecos del Combeima.
La AI deja de ser una herramienta para convertirse en infraestructura básica del procesamiento y la seguridad de los pagos. Más allá de automatizar tareas, se posiciona como copiloto -o protagonista- para la personalización de servicios, la atención al cliente y para ejecutar pagos agénticos, capaces de autorizar transacciones o ejecutar órdenes de pago sin intervención humana, elevando la velocidad sin sacrificar la protección.
Otra tendencia para el 2026 es la gestión de contracargos potenciada por AI, que redefine la seguridad y eficiencia en el ecosistema de pagos: permite automatizar el monitoreo y la resolución de contracargos, detectando patrones de comportamiento anómalos en tiempo real, anticipando disputas y optimizando el tiempo de respuesta. Esta combinación tecnológica no solo protege a los usuarios, sino que también mejora la eficiencia operativa de las empresas que ofrecen tarjetas.
La experiencia de usuario exige inmediatez, y las empresas necesitan optimizar su liquidez, mejorar su cadena de pagos y reducir riesgos operativos. La expectativa es que el dinero esté disponible al instante, tal como sucede con sistemas como Pix en Brasil, las transferencias 3.0 en Argentina, o BRE-B en Colombia.
La región avanza, además, hacia una interoperabilidad profunda entre rieles tradicionales y sistemas de pagos digitales, permitiendo que los pagos domésticos y las transacciones internacionales convivan en una misma capa tecnológica. Esto habilita experiencias donde enviar dinero a otro país, pagar a un proveedor o recibir una devolución se realiza con la misma facilidad que una compra local.
2026 será un año de democratización y globalización para la industria de pagos: se busca instantaneidad, eliminación de fronteras y reducción de costos operativos y los trasladados al usuario. Por otro lado, la colaboración entre bancos tradicionales y Fintechs no solo ampliará la base de adopción tecnológica, sino que elevará los estándares de seguridad, eficiencia y experiencia del usuario a niveles inéditos.
2026 arranca con grandes avances para los ecosistemas financieros y de pagos a nivel global: las fronteras entre bancos tradicionales y Fintechs se estrechan cada vez más rápido, la inteligencia artificial redefine incontables procesos y la infraestructura de pagos se vuelve más global y en tiempo real gracias a las tarjetas globales y stablecoins. Todo, en un contexto donde las necesidades de empresas y personas evolucionan rápido. Y donde los productos financieros deben responder con velocidad, seguridad y escala.
La globalización de los consumos y el crecimiento del comercio electrónico internacional están acelerando la necesidad de productos financieros diseñados para operar más allá de las fronteras locales. En este contexto, las tarjetas globales se están convirtiendo en un nuevo estándar en América Latina y el mundo. No se trata solo de una tarjeta que funcione en el exterior, sino de una solución pensada desde su diseño para operar en múltiples países, monedas y escenarios de uso, cumpliendo con normativas y garantizando una experiencia fluida para empresas y usuarios.
Las tarjetas globales son buscadas cada vez más como una alternativa que ofrece estabilidad monetaria, ahorro en costos por conversión y aceptación internacional sin límites. En este contexto, se destacan múltiples casos de uso:
Emitir este tipo de tarjetas en la región solía ser complejo: requería licencias locales, múltiples integraciones y una arquitectura operativa difícil de escalar. Hoy, gracias a nuestra tecnología next-gen, las empresas pueden emitir tarjetas globales desde una sola integración y expandir sus negocios sin fricciones en la región, con soporte multi-país, licencias resueltas y funcionalidades como tokenización y CVV dinámico, que robustecen la seguridad y experiencia de los usuarios.
En una reciente entrevista con Bloomberg Línea, nuestro CEO & Co-Founder, Gastón Irigoyen comentaba lo siguiente sobre esta tendencia: “Vemos un fuerte impulso de la tarjeta global, es decir, tarjetas en dólares o en stablecoins para consumos internacionales, tanto en compras online como en transacciones presenciales durante viajes. Esta tendencia refuerza la idea de propuestas de valor que combinan tarjetas locales con tarjetas globales, y esperamos que muchos jugadores comiencen a lanzar estos productos, los cuales Pomelo ya ofrece”. Lee más insights de Gastón de cara al 2026 en la nota completa.
Mientras las tarjetas globales abren nuevas puertas para consumir sin fronteras, las stablecoins están cambiando la forma de mover dinero de manera rápida, segura y sin intermediarios costosos. Su adopción crece tanto en soluciones B2C como en productos corporativos, gracias a su estabilidad frente a la volatilidad cambiaria, alta liquidez y disponibilidad 24/7. En esencia, combinan la estabilidad del dinero tradicional con la agilidad de la tecnología blockchain.
En julio pasado, el Congreso de Estados Unidos aprobó la primera legislación federal sobre criptomonedas, la Ley GENIUS, que establece un marco regulatorio para las stablecoins respaldadas por activos como el dólar. Según una encuesta de EY-Parthenon, gracias a esa claridad normativa, el 54 % de las empresas planea adoptar monedas estables en los próximos 6 a 12 meses. Esto impulsa a explorar arquitecturas híbridas donde coexistan rails tradicionales y sistemas tokenizados, potenciando la interoperabilidad global sin perder seguridad ni cumplimiento.
Desde Pomelo, entendemos que las stablecoins ya no son una promesa del futuro, sino una infraestructura real y en expansión, capaz de soportar pagos, liquidaciones, remesas y hasta programas de tarjetas. Tal como comentó nuestro CEO & Co-Founder, Gastón Irigoyen, en el reporte publicado por Privy, “Las stablecoins marcan el surgimiento de un nuevo sistema financiero que resolverá las ineficiencias heredadas del pasado”.
La tradicional separación entre bancos y Fintechs se desvanece cada vez más rápido. En 2026, ambos jugadores comparten la necesidad de infraestructuras seguras, flexibles e integradas que soporten pagos instantáneos, gestión de datos y experiencias omnicanal. Este movimiento representa un punto de convergencia estratégica donde la velocidad al mercado, la resiliencia y la capacidad de innovación son tan importantes como la escala y la estructura. Todo, por supuesto, sin perder de vista la seguridad.
Los bancos tradicionales comprendieron que sus proveedores históricos ya no logran acompañar la velocidad y flexibilidad que demandan los usuarios actualmente, además de la competitividad que están perdiendo frente a las ofertas innovadoras de las Fintech. Es allí donde la diferenciación se destaca como un aspecto que en el 2026 no se puede perder de vista. Antes, la uniformidad era sinónimo de solidez y estabilidad, pero las propuestas de valor Fintech exigen romper con eso y dar experiencias personalizadas a los usuarios para retenerlos.
“La región entra en una etapa en la que la tecnología deja de ser un soporte para convertirse en el centro de la estrategia. Esto abre una oportunidad histórica para la banca: modernizar su infraestructura, diferenciar sus productos y acompañar el crecimiento esperado para 2026, especialmente en áreas como crédito corporativo, expansión regional y nuevas experiencias de pago. Las entidades que combinen agilidad y escala estarán mejor posicionadas para liderar la próxima década financiera en América Latina”, detalló Hernán Corral, nuestro CPO y Co-Founder, en una nota al prestigioso medio colombiano Ecos del Combeima.
La AI deja de ser una herramienta para convertirse en infraestructura básica del procesamiento y la seguridad de los pagos. Más allá de automatizar tareas, se posiciona como copiloto -o protagonista- para la personalización de servicios, la atención al cliente y para ejecutar pagos agénticos, capaces de autorizar transacciones o ejecutar órdenes de pago sin intervención humana, elevando la velocidad sin sacrificar la protección.
Otra tendencia para el 2026 es la gestión de contracargos potenciada por AI, que redefine la seguridad y eficiencia en el ecosistema de pagos: permite automatizar el monitoreo y la resolución de contracargos, detectando patrones de comportamiento anómalos en tiempo real, anticipando disputas y optimizando el tiempo de respuesta. Esta combinación tecnológica no solo protege a los usuarios, sino que también mejora la eficiencia operativa de las empresas que ofrecen tarjetas.
La experiencia de usuario exige inmediatez, y las empresas necesitan optimizar su liquidez, mejorar su cadena de pagos y reducir riesgos operativos. La expectativa es que el dinero esté disponible al instante, tal como sucede con sistemas como Pix en Brasil, las transferencias 3.0 en Argentina, o BRE-B en Colombia.
La región avanza, además, hacia una interoperabilidad profunda entre rieles tradicionales y sistemas de pagos digitales, permitiendo que los pagos domésticos y las transacciones internacionales convivan en una misma capa tecnológica. Esto habilita experiencias donde enviar dinero a otro país, pagar a un proveedor o recibir una devolución se realiza con la misma facilidad que una compra local.
2026 será un año de democratización y globalización para la industria de pagos: se busca instantaneidad, eliminación de fronteras y reducción de costos operativos y los trasladados al usuario. Por otro lado, la colaboración entre bancos tradicionales y Fintechs no solo ampliará la base de adopción tecnológica, sino que elevará los estándares de seguridad, eficiencia y experiencia del usuario a niveles inéditos.
2026 arranca con grandes avances para los ecosistemas financieros y de pagos a nivel global: las fronteras entre bancos tradicionales y Fintechs se estrechan cada vez más rápido, la inteligencia artificial redefine incontables procesos y la infraestructura de pagos se vuelve más global y en tiempo real gracias a las tarjetas globales y stablecoins. Todo, en un contexto donde las necesidades de empresas y personas evolucionan rápido. Y donde los productos financieros deben responder con velocidad, seguridad y escala.
La globalización de los consumos y el crecimiento del comercio electrónico internacional están acelerando la necesidad de productos financieros diseñados para operar más allá de las fronteras locales. En este contexto, las tarjetas globales se están convirtiendo en un nuevo estándar en América Latina y el mundo. No se trata solo de una tarjeta que funcione en el exterior, sino de una solución pensada desde su diseño para operar en múltiples países, monedas y escenarios de uso, cumpliendo con normativas y garantizando una experiencia fluida para empresas y usuarios.
Las tarjetas globales son buscadas cada vez más como una alternativa que ofrece estabilidad monetaria, ahorro en costos por conversión y aceptación internacional sin límites. En este contexto, se destacan múltiples casos de uso:
Emitir este tipo de tarjetas en la región solía ser complejo: requería licencias locales, múltiples integraciones y una arquitectura operativa difícil de escalar. Hoy, gracias a nuestra tecnología next-gen, las empresas pueden emitir tarjetas globales desde una sola integración y expandir sus negocios sin fricciones en la región, con soporte multi-país, licencias resueltas y funcionalidades como tokenización y CVV dinámico, que robustecen la seguridad y experiencia de los usuarios.
En una reciente entrevista con Bloomberg Línea, nuestro CEO & Co-Founder, Gastón Irigoyen comentaba lo siguiente sobre esta tendencia: “Vemos un fuerte impulso de la tarjeta global, es decir, tarjetas en dólares o en stablecoins para consumos internacionales, tanto en compras online como en transacciones presenciales durante viajes. Esta tendencia refuerza la idea de propuestas de valor que combinan tarjetas locales con tarjetas globales, y esperamos que muchos jugadores comiencen a lanzar estos productos, los cuales Pomelo ya ofrece”. Lee más insights de Gastón de cara al 2026 en la nota completa.
Mientras las tarjetas globales abren nuevas puertas para consumir sin fronteras, las stablecoins están cambiando la forma de mover dinero de manera rápida, segura y sin intermediarios costosos. Su adopción crece tanto en soluciones B2C como en productos corporativos, gracias a su estabilidad frente a la volatilidad cambiaria, alta liquidez y disponibilidad 24/7. En esencia, combinan la estabilidad del dinero tradicional con la agilidad de la tecnología blockchain.
En julio pasado, el Congreso de Estados Unidos aprobó la primera legislación federal sobre criptomonedas, la Ley GENIUS, que establece un marco regulatorio para las stablecoins respaldadas por activos como el dólar. Según una encuesta de EY-Parthenon, gracias a esa claridad normativa, el 54 % de las empresas planea adoptar monedas estables en los próximos 6 a 12 meses. Esto impulsa a explorar arquitecturas híbridas donde coexistan rails tradicionales y sistemas tokenizados, potenciando la interoperabilidad global sin perder seguridad ni cumplimiento.
Desde Pomelo, entendemos que las stablecoins ya no son una promesa del futuro, sino una infraestructura real y en expansión, capaz de soportar pagos, liquidaciones, remesas y hasta programas de tarjetas. Tal como comentó nuestro CEO & Co-Founder, Gastón Irigoyen, en el reporte publicado por Privy, “Las stablecoins marcan el surgimiento de un nuevo sistema financiero que resolverá las ineficiencias heredadas del pasado”.
La tradicional separación entre bancos y Fintechs se desvanece cada vez más rápido. En 2026, ambos jugadores comparten la necesidad de infraestructuras seguras, flexibles e integradas que soporten pagos instantáneos, gestión de datos y experiencias omnicanal. Este movimiento representa un punto de convergencia estratégica donde la velocidad al mercado, la resiliencia y la capacidad de innovación son tan importantes como la escala y la estructura. Todo, por supuesto, sin perder de vista la seguridad.
Los bancos tradicionales comprendieron que sus proveedores históricos ya no logran acompañar la velocidad y flexibilidad que demandan los usuarios actualmente, además de la competitividad que están perdiendo frente a las ofertas innovadoras de las Fintech. Es allí donde la diferenciación se destaca como un aspecto que en el 2026 no se puede perder de vista. Antes, la uniformidad era sinónimo de solidez y estabilidad, pero las propuestas de valor Fintech exigen romper con eso y dar experiencias personalizadas a los usuarios para retenerlos.
“La región entra en una etapa en la que la tecnología deja de ser un soporte para convertirse en el centro de la estrategia. Esto abre una oportunidad histórica para la banca: modernizar su infraestructura, diferenciar sus productos y acompañar el crecimiento esperado para 2026, especialmente en áreas como crédito corporativo, expansión regional y nuevas experiencias de pago. Las entidades que combinen agilidad y escala estarán mejor posicionadas para liderar la próxima década financiera en América Latina”, detalló Hernán Corral, nuestro CPO y Co-Founder, en una nota al prestigioso medio colombiano Ecos del Combeima.
La AI deja de ser una herramienta para convertirse en infraestructura básica del procesamiento y la seguridad de los pagos. Más allá de automatizar tareas, se posiciona como copiloto -o protagonista- para la personalización de servicios, la atención al cliente y para ejecutar pagos agénticos, capaces de autorizar transacciones o ejecutar órdenes de pago sin intervención humana, elevando la velocidad sin sacrificar la protección.
Otra tendencia para el 2026 es la gestión de contracargos potenciada por AI, que redefine la seguridad y eficiencia en el ecosistema de pagos: permite automatizar el monitoreo y la resolución de contracargos, detectando patrones de comportamiento anómalos en tiempo real, anticipando disputas y optimizando el tiempo de respuesta. Esta combinación tecnológica no solo protege a los usuarios, sino que también mejora la eficiencia operativa de las empresas que ofrecen tarjetas.
La experiencia de usuario exige inmediatez, y las empresas necesitan optimizar su liquidez, mejorar su cadena de pagos y reducir riesgos operativos. La expectativa es que el dinero esté disponible al instante, tal como sucede con sistemas como Pix en Brasil, las transferencias 3.0 en Argentina, o BRE-B en Colombia.
La región avanza, además, hacia una interoperabilidad profunda entre rieles tradicionales y sistemas de pagos digitales, permitiendo que los pagos domésticos y las transacciones internacionales convivan en una misma capa tecnológica. Esto habilita experiencias donde enviar dinero a otro país, pagar a un proveedor o recibir una devolución se realiza con la misma facilidad que una compra local.
2026 será un año de democratización y globalización para la industria de pagos: se busca instantaneidad, eliminación de fronteras y reducción de costos operativos y los trasladados al usuario. Por otro lado, la colaboración entre bancos tradicionales y Fintechs no solo ampliará la base de adopción tecnológica, sino que elevará los estándares de seguridad, eficiencia y experiencia del usuario a niveles inéditos.