
Hace quince años, la tecnología bancaria tenía un problema.
La mayoría de las instituciones financieras operaban con sistemas rígidos, fuertemente acoplados y dolorosamente lentos para cambiar. Lanzar un nuevo producto financiero era una odisea de varios años. Los equipos luchaban contra sistemas monolíticos heredados, navegaban capas de lógica codificada y cruzaban los dedos esperando que modificar una funcionalidad no rompiera todo lo demás.
Frente a esa realidad, entendimos que debía existir una mejor manera. Construir una versión apenas mejorada del modelo antiguo no era suficiente. El modelo en sí tenía que cambiar.
Así fue como impulsamos la banca componible.
En ese entonces, “banca componible” no era un término de moda ni una categoría de la industria. Era simplemente una observación: los sistemas bancarios no deberían ser monolíticos. Deberían ser flexibles y capaces de evolucionar con el tiempo.
En lugar de un solo sistema intentando hacerlo todo, ¿por qué no construir un core que se enfoque en lo que mejor sabe hacer y conectarlo con otros servicios especializados a través de APIs?
Esa forma de pensar dio forma a Mambu desde el primer día: nativo en la nube, API-first y diseñado para funcionar como parte de un ecosistema más amplio. No como un reemplazo de todo, sino como una base sobre la cual se puede construir.
Desde el inicio, Mambu fue concebido como una verdadera plataforma SaaS con una arquitectura componible, hoy esencial para el ecosistema global de servicios financieros. Mientras otros se enfocan en “maquillar de nube” tecnologías antiguas para encajar en la nueva narrativa, nosotros operamos sobre una única base de código siempre actualizada.
Esto significa que todos los clientes de Mambu —desde una Fintech ágil en Brasil hasta un banco Tier 1 en el Reino Unido— operan exactamente sobre la misma versión más reciente de la plataforma. Sin actualizaciones disruptivas. Sin deuda técnica que frene el crecimiento.
En su forma más simple, la banca componible trata de elección, libertad y adaptabilidad.
En lugar de depender de un único sistema core bancario todo en uno, las instituciones pueden ensamblar su stack tecnológico a partir de componentes independientes, cada uno elegido para un propósito específico. Estos componentes se comunican mediante APIs y pueden agregarse, quitarse o actualizarse sin necesidad de reformar todo el sistema.
Los sistemas bancarios tradicionales son como un castillo prefabricado y pegado pieza por pieza. Puede verse imponente, pero si quieres mover una ventana o añadir una torre, tienes que romper un muro.
La banca componible es distinta. Es como un conjunto de bloques de construcción.
Es un enfoque que permite ensamblar sistemas independientes, de clase mundial, para crear exactamente lo que necesitas, cuando lo necesitas.
Con tecnología componible, las instituciones ganan la libertad de diseñar, lanzar y adaptar servicios financieros sin las limitaciones de los sistemas heredados. Los nuevos productos llegan más rápido al mercado, los cambios regulatorios o del entorno se gestionan con mínima disrupción, las experiencias del cliente se personalizan con mayor facilidad y los servicios escalan sin necesidad de reconstruir desde cero.
Y, lo más importante: la tecnología deja de ser un obstáculo para convertirse en un habilitador.
Hace quince años, la tecnología bancaria tenía un problema.
La mayoría de las instituciones financieras operaban con sistemas rígidos, fuertemente acoplados y dolorosamente lentos para cambiar. Lanzar un nuevo producto financiero era una odisea de varios años. Los equipos luchaban contra sistemas monolíticos heredados, navegaban capas de lógica codificada y cruzaban los dedos esperando que modificar una funcionalidad no rompiera todo lo demás.
Frente a esa realidad, entendimos que debía existir una mejor manera. Construir una versión apenas mejorada del modelo antiguo no era suficiente. El modelo en sí tenía que cambiar.
Así fue como impulsamos la banca componible.
En ese entonces, “banca componible” no era un término de moda ni una categoría de la industria. Era simplemente una observación: los sistemas bancarios no deberían ser monolíticos. Deberían ser flexibles y capaces de evolucionar con el tiempo.
En lugar de un solo sistema intentando hacerlo todo, ¿por qué no construir un core que se enfoque en lo que mejor sabe hacer y conectarlo con otros servicios especializados a través de APIs?
Esa forma de pensar dio forma a Mambu desde el primer día: nativo en la nube, API-first y diseñado para funcionar como parte de un ecosistema más amplio. No como un reemplazo de todo, sino como una base sobre la cual se puede construir.
Desde el inicio, Mambu fue concebido como una verdadera plataforma SaaS con una arquitectura componible, hoy esencial para el ecosistema global de servicios financieros. Mientras otros se enfocan en “maquillar de nube” tecnologías antiguas para encajar en la nueva narrativa, nosotros operamos sobre una única base de código siempre actualizada.
Esto significa que todos los clientes de Mambu —desde una Fintech ágil en Brasil hasta un banco Tier 1 en el Reino Unido— operan exactamente sobre la misma versión más reciente de la plataforma. Sin actualizaciones disruptivas. Sin deuda técnica que frene el crecimiento.
En su forma más simple, la banca componible trata de elección, libertad y adaptabilidad.
En lugar de depender de un único sistema core bancario todo en uno, las instituciones pueden ensamblar su stack tecnológico a partir de componentes independientes, cada uno elegido para un propósito específico. Estos componentes se comunican mediante APIs y pueden agregarse, quitarse o actualizarse sin necesidad de reformar todo el sistema.
Los sistemas bancarios tradicionales son como un castillo prefabricado y pegado pieza por pieza. Puede verse imponente, pero si quieres mover una ventana o añadir una torre, tienes que romper un muro.
La banca componible es distinta. Es como un conjunto de bloques de construcción.
Es un enfoque que permite ensamblar sistemas independientes, de clase mundial, para crear exactamente lo que necesitas, cuando lo necesitas.
Con tecnología componible, las instituciones ganan la libertad de diseñar, lanzar y adaptar servicios financieros sin las limitaciones de los sistemas heredados. Los nuevos productos llegan más rápido al mercado, los cambios regulatorios o del entorno se gestionan con mínima disrupción, las experiencias del cliente se personalizan con mayor facilidad y los servicios escalan sin necesidad de reconstruir desde cero.
Y, lo más importante: la tecnología deja de ser un obstáculo para convertirse en un habilitador.
Hace quince años, la tecnología bancaria tenía un problema.
La mayoría de las instituciones financieras operaban con sistemas rígidos, fuertemente acoplados y dolorosamente lentos para cambiar. Lanzar un nuevo producto financiero era una odisea de varios años. Los equipos luchaban contra sistemas monolíticos heredados, navegaban capas de lógica codificada y cruzaban los dedos esperando que modificar una funcionalidad no rompiera todo lo demás.
Frente a esa realidad, entendimos que debía existir una mejor manera. Construir una versión apenas mejorada del modelo antiguo no era suficiente. El modelo en sí tenía que cambiar.
Así fue como impulsamos la banca componible.
En ese entonces, “banca componible” no era un término de moda ni una categoría de la industria. Era simplemente una observación: los sistemas bancarios no deberían ser monolíticos. Deberían ser flexibles y capaces de evolucionar con el tiempo.
En lugar de un solo sistema intentando hacerlo todo, ¿por qué no construir un core que se enfoque en lo que mejor sabe hacer y conectarlo con otros servicios especializados a través de APIs?
Esa forma de pensar dio forma a Mambu desde el primer día: nativo en la nube, API-first y diseñado para funcionar como parte de un ecosistema más amplio. No como un reemplazo de todo, sino como una base sobre la cual se puede construir.
Desde el inicio, Mambu fue concebido como una verdadera plataforma SaaS con una arquitectura componible, hoy esencial para el ecosistema global de servicios financieros. Mientras otros se enfocan en “maquillar de nube” tecnologías antiguas para encajar en la nueva narrativa, nosotros operamos sobre una única base de código siempre actualizada.
Esto significa que todos los clientes de Mambu —desde una Fintech ágil en Brasil hasta un banco Tier 1 en el Reino Unido— operan exactamente sobre la misma versión más reciente de la plataforma. Sin actualizaciones disruptivas. Sin deuda técnica que frene el crecimiento.
En su forma más simple, la banca componible trata de elección, libertad y adaptabilidad.
En lugar de depender de un único sistema core bancario todo en uno, las instituciones pueden ensamblar su stack tecnológico a partir de componentes independientes, cada uno elegido para un propósito específico. Estos componentes se comunican mediante APIs y pueden agregarse, quitarse o actualizarse sin necesidad de reformar todo el sistema.
Los sistemas bancarios tradicionales son como un castillo prefabricado y pegado pieza por pieza. Puede verse imponente, pero si quieres mover una ventana o añadir una torre, tienes que romper un muro.
La banca componible es distinta. Es como un conjunto de bloques de construcción.
Es un enfoque que permite ensamblar sistemas independientes, de clase mundial, para crear exactamente lo que necesitas, cuando lo necesitas.
Con tecnología componible, las instituciones ganan la libertad de diseñar, lanzar y adaptar servicios financieros sin las limitaciones de los sistemas heredados. Los nuevos productos llegan más rápido al mercado, los cambios regulatorios o del entorno se gestionan con mínima disrupción, las experiencias del cliente se personalizan con mayor facilidad y los servicios escalan sin necesidad de reconstruir desde cero.
Y, lo más importante: la tecnología deja de ser un obstáculo para convertirse en un habilitador.