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El 14 de octubre se llevó a cabo en Lima, Perú, el Unibanca Digital Summit 2026, un evento que reunió a líderes del sector financiero, especialistas en medios de pago y empresas tecnológicas para compartir experiencias y analizar los principales desafíos de la industria en Latinoamérica.
Uno de los temas abordados fue la modernización de la infraestructura de pagos, durante la charla “Los sistemas legacy ya no son baratos: la economía de la modernización de los pagos”, presentada por Joel Mendoza, director de Consultoría Latam en BPC.
Durante su intervención, Joel explicó que los sistemas tecnológicos heredados, conocidos como legacy, pueden convertirse en una carga para las instituciones financieras. Aunque durante años fueron una solución confiable, hoy enfrentan dificultades para responder a las nuevas exigencias del mercado, donde la rapidez, la flexibilidad y la capacidad de procesar operaciones en tiempo real son cada vez más importantes.
Los sistemas legacy son plataformas tecnológicas que llevan años en funcionamiento y que, en muchos casos, fueron diseñadas para concentrar gran parte de las operaciones de una institución en una sola infraestructura. Su estabilidad fue una ventaja durante mucho tiempo, pero su antigüedad también puede dificultar la incorporación de nuevas funcionalidades.
Según explicó Joel, el problema aparece porque en estos sistemas cada cambio requiere más tiempo, implica mayores riesgos y demanda recursos especializados. Además, el conocimiento de estas tecnologías suele estar concentrado en un grupo reducido de personas, lo que aumenta la dependencia técnica de las instituciones.
En un ecosistema de pagos que evoluciona constantemente, estas limitaciones pueden retrasar el lanzamiento de productos, dificultar la integración con otras plataformas y elevar los costos operativos. Por eso, el desafío no es únicamente tecnológico ya que también puede afectar la capacidad de una entidad para competir y crecer.
Al evaluar el mantenimiento de un sistema antiguo, las instituciones suelen considerar gastos directos como las licencias, la infraestructura y el soporte técnico. Sin embargo, durante la charla se destacó que también existen costos menos evidentes que pueden afectar los resultados del negocio.
Entre ellos están los ingresos que se dejan de percibir por operaciones que no se completan, las tareas manuales que los equipos deben realizar para compensar las limitaciones del sistema, los retrasos en el lanzamiento de nuevos servicios y los riesgos asociados con fallas operativas o fraude.
Frente a estos desafíos, Joel planteó que la modernización no implica necesariamente reemplazar toda la infraestructura de una sola vez. Una alternativa es realizar la transición de manera gradual, incorporando nuevas tecnologías mientras los sistemas existentes continúan funcionando.
Este proceso puede desarrollarse en cuatro rutas:
Este enfoque permite reducir la dependencia de la infraestructura heredada por etapas, con la posibilidad de revertir determinados cambios si surgen inconvenientes.
Como parte de su propuesta tecnológica, BPC cuenta con SmartVista, una plataforma dirigida a bancos, procesadores de pagos, Fintechs y otras instituciones financieras para gestionar servicios financieros digitales y físicos.
El planteamiento central de la charla fue que mantener un sistema antiguo también tiene un costo, aunque no siempre aparezca reflejado en los presupuestos. Para las instituciones financieras, identificar esos costos y planificar una transición gradual puede ser un paso clave para mejorar su eficiencia y responder a la evolución del ecosistema de pagos.
El 14 de octubre se llevó a cabo en Lima, Perú, el Unibanca Digital Summit 2026, un evento que reunió a líderes del sector financiero, especialistas en medios de pago y empresas tecnológicas para compartir experiencias y analizar los principales desafíos de la industria en Latinoamérica.
Uno de los temas abordados fue la modernización de la infraestructura de pagos, durante la charla “Los sistemas legacy ya no son baratos: la economía de la modernización de los pagos”, presentada por Joel Mendoza, director de Consultoría Latam en BPC.
Durante su intervención, Joel explicó que los sistemas tecnológicos heredados, conocidos como legacy, pueden convertirse en una carga para las instituciones financieras. Aunque durante años fueron una solución confiable, hoy enfrentan dificultades para responder a las nuevas exigencias del mercado, donde la rapidez, la flexibilidad y la capacidad de procesar operaciones en tiempo real son cada vez más importantes.
Los sistemas legacy son plataformas tecnológicas que llevan años en funcionamiento y que, en muchos casos, fueron diseñadas para concentrar gran parte de las operaciones de una institución en una sola infraestructura. Su estabilidad fue una ventaja durante mucho tiempo, pero su antigüedad también puede dificultar la incorporación de nuevas funcionalidades.
Según explicó Joel, el problema aparece porque en estos sistemas cada cambio requiere más tiempo, implica mayores riesgos y demanda recursos especializados. Además, el conocimiento de estas tecnologías suele estar concentrado en un grupo reducido de personas, lo que aumenta la dependencia técnica de las instituciones.
En un ecosistema de pagos que evoluciona constantemente, estas limitaciones pueden retrasar el lanzamiento de productos, dificultar la integración con otras plataformas y elevar los costos operativos. Por eso, el desafío no es únicamente tecnológico ya que también puede afectar la capacidad de una entidad para competir y crecer.
Al evaluar el mantenimiento de un sistema antiguo, las instituciones suelen considerar gastos directos como las licencias, la infraestructura y el soporte técnico. Sin embargo, durante la charla se destacó que también existen costos menos evidentes que pueden afectar los resultados del negocio.
Entre ellos están los ingresos que se dejan de percibir por operaciones que no se completan, las tareas manuales que los equipos deben realizar para compensar las limitaciones del sistema, los retrasos en el lanzamiento de nuevos servicios y los riesgos asociados con fallas operativas o fraude.
Frente a estos desafíos, Joel planteó que la modernización no implica necesariamente reemplazar toda la infraestructura de una sola vez. Una alternativa es realizar la transición de manera gradual, incorporando nuevas tecnologías mientras los sistemas existentes continúan funcionando.
Este proceso puede desarrollarse en cuatro rutas:
Este enfoque permite reducir la dependencia de la infraestructura heredada por etapas, con la posibilidad de revertir determinados cambios si surgen inconvenientes.
Como parte de su propuesta tecnológica, BPC cuenta con SmartVista, una plataforma dirigida a bancos, procesadores de pagos, Fintechs y otras instituciones financieras para gestionar servicios financieros digitales y físicos.
El planteamiento central de la charla fue que mantener un sistema antiguo también tiene un costo, aunque no siempre aparezca reflejado en los presupuestos. Para las instituciones financieras, identificar esos costos y planificar una transición gradual puede ser un paso clave para mejorar su eficiencia y responder a la evolución del ecosistema de pagos.
El 14 de octubre se llevó a cabo en Lima, Perú, el Unibanca Digital Summit 2026, un evento que reunió a líderes del sector financiero, especialistas en medios de pago y empresas tecnológicas para compartir experiencias y analizar los principales desafíos de la industria en Latinoamérica.
Uno de los temas abordados fue la modernización de la infraestructura de pagos, durante la charla “Los sistemas legacy ya no son baratos: la economía de la modernización de los pagos”, presentada por Joel Mendoza, director de Consultoría Latam en BPC.
Durante su intervención, Joel explicó que los sistemas tecnológicos heredados, conocidos como legacy, pueden convertirse en una carga para las instituciones financieras. Aunque durante años fueron una solución confiable, hoy enfrentan dificultades para responder a las nuevas exigencias del mercado, donde la rapidez, la flexibilidad y la capacidad de procesar operaciones en tiempo real son cada vez más importantes.
Los sistemas legacy son plataformas tecnológicas que llevan años en funcionamiento y que, en muchos casos, fueron diseñadas para concentrar gran parte de las operaciones de una institución en una sola infraestructura. Su estabilidad fue una ventaja durante mucho tiempo, pero su antigüedad también puede dificultar la incorporación de nuevas funcionalidades.
Según explicó Joel, el problema aparece porque en estos sistemas cada cambio requiere más tiempo, implica mayores riesgos y demanda recursos especializados. Además, el conocimiento de estas tecnologías suele estar concentrado en un grupo reducido de personas, lo que aumenta la dependencia técnica de las instituciones.
En un ecosistema de pagos que evoluciona constantemente, estas limitaciones pueden retrasar el lanzamiento de productos, dificultar la integración con otras plataformas y elevar los costos operativos. Por eso, el desafío no es únicamente tecnológico ya que también puede afectar la capacidad de una entidad para competir y crecer.
Al evaluar el mantenimiento de un sistema antiguo, las instituciones suelen considerar gastos directos como las licencias, la infraestructura y el soporte técnico. Sin embargo, durante la charla se destacó que también existen costos menos evidentes que pueden afectar los resultados del negocio.
Entre ellos están los ingresos que se dejan de percibir por operaciones que no se completan, las tareas manuales que los equipos deben realizar para compensar las limitaciones del sistema, los retrasos en el lanzamiento de nuevos servicios y los riesgos asociados con fallas operativas o fraude.
Frente a estos desafíos, Joel planteó que la modernización no implica necesariamente reemplazar toda la infraestructura de una sola vez. Una alternativa es realizar la transición de manera gradual, incorporando nuevas tecnologías mientras los sistemas existentes continúan funcionando.
Este proceso puede desarrollarse en cuatro rutas:
Este enfoque permite reducir la dependencia de la infraestructura heredada por etapas, con la posibilidad de revertir determinados cambios si surgen inconvenientes.
Como parte de su propuesta tecnológica, BPC cuenta con SmartVista, una plataforma dirigida a bancos, procesadores de pagos, Fintechs y otras instituciones financieras para gestionar servicios financieros digitales y físicos.
El planteamiento central de la charla fue que mantener un sistema antiguo también tiene un costo, aunque no siempre aparezca reflejado en los presupuestos. Para las instituciones financieras, identificar esos costos y planificar una transición gradual puede ser un paso clave para mejorar su eficiencia y responder a la evolución del ecosistema de pagos.