
Pagar a tiempo el colegio, la administración, una suscripción, un seguro o una cuota de crédito muchas veces depende menos de la plata que de acordarse. También implica entrar a una aplicación o a un portal, revisar un enlace, confirmar un monto o repetir cada mes el mismo proceso. Sobre esa fricción cotidiana empieza a abrirse una nueva etapa en el uso de la infraestructura Bre-B: no solo mover dinero en segundos, sino conectar esa velocidad con necesidades más frecuentes de la vida diaria.
La red de pagos inmediatos del Banco de la República ya superó los 670 millones de transacciones y los $105 billones movilizados en sus primeros seis meses de operación, una escala que cambió la conversación. El reto ya no es únicamente facilitar transferencias inmediatas entre personas, sino convertir esa infraestructura en una herramienta más útil para pagos, cobros y operaciones que hacen parte de la economía cotidiana.
Una señal concreta de ese giro ya apareció en el mercado. La Fintech DRUO se convirtió en el primer jugador en Colombia en habilitar débitos automáticos a llaves Bre-B, una novedad que lleva esta infraestructura más allá de la transferencia puntual y la acerca a pagos que se repiten todos los meses. En la práctica, la persona asocia y valida su llave Bre-B dentro del proceso de autorización una sola vez y, desde ahí, deja aprobados cargos periódicos sin tener que repetir manualmente el proceso en cada fecha de cobro.
Visto desde el bolsillo, el cambio puede sentirse en situaciones muy concretas: la mensualidad del colegio o la universidad, la cuota del gimnasio, una membresía, un seguro, un servicio que siempre vence el mismo día o una obligación de crédito de bajo monto.
“Colombia ha avanzado bastante en el acceso a productos financieros como cuentas y billeteras, pero todavía tiene una deuda en el uso. Históricamente los pagos automáticos se habilitan para tarjetas, mientras que las cuentas bancarias, billeteras y ahora las llaves Bre-B, que tienen mayor penetración, no han sido tan fáciles de usar para programar pagos recurrentes. Eso es parte de la fricción que buscamos resolver al habilitar débitos automáticos directamente desde cuentas o billeteras usando llaves Bre-B”, dice Simón Pinilla, cofundador de la Fintech DRUO.
Los datos más recientes de la Superfinanciera apuntan en la misma dirección. Con corte a septiembre de 2025, el acceso a productos financieros llegó a 96,4 %, el uso efectivo se ubicó en 85 % y el acceso a crédito en 36,1 %. En otras palabras, el desafío ya no es solo que más personas entren al sistema, sino que puedan usarlo mejor en pagos de todos los meses.
La novedad también conversa con la siguiente etapa que ya empezó a dibujar el Banco de la República para Bre-B. Tras el despegue inicial, el emisor prevé pagos electrónicos entre empresas, recaudos, dispersiones a proveedores y nómina, además de la incorporación y unificación de códigos QR para facilitar pagos en comercios. Más que una red para transferencias inmediatas entre personas, el sistema empieza a perfilarse como una plataforma para resolver más flujos de plata en la economía real.
Desde esa óptica, este paso no luce como una innovación aislada. La apuesta consiste en aprovechar una infraestructura ya masificada para habilitar pagos previamente autorizados, sin esperar a que cada nueva fase termine de desplegarse.
“Cuando una herramienta deja de servir solo para enviar o recibir plata y empieza a ordenar pagos recurrentes, deja de ser una novedad tecnológica y entra a competir en la rutina financiera de las personas”, señala Pinilla.
Ahí está también una de sus diferencias frente a lo que ya existe. En el comercio digital colombiano los pagos desde cuenta no son nuevos, pero muchas veces siguen exigiendo que el usuario intervenga en cada operación. Las tarjetas, por su parte, han resuelto buena parte de la recurrencia, aunque no todos los usuarios las usan o las prefieren para sus pagos cotidianos. En ese punto busca ubicarse esta nueva opción: menos vueltas para quien paga y más puntualidad para quien cobra.
El potencial también se explica porque la base ya está montada. Bre-B permite operaciones de hasta 1.000 UVB por transacción, equivalentes a $12.110.000 en 2026, aunque cada entidad financiera puede fijar límites propios en valor, número de operaciones u otros criterios de seguridad. Además, las llaves pueden estar asociadas al documento, al celular, al correo electrónico, a un identificador alfanumérico o, en el caso de los comercios, a un código del establecimiento. Eso muestra que el siguiente salto no depende tanto de crear otro sistema, sino de ampliar los usos de uno que ya alcanzó escala masiva.
Pero la prueba real no estará solo en la velocidad. También será clave que el usuario entienda qué está autorizando, cómo puede cancelar ese permiso, qué información recibirá antes de cada cargo y qué ruta tendrá si detecta una operación que no reconoce. En marzo de 2026, el Banco de la República actualizó la regulación de Bre-B para exigir a las entidades financieras mayor claridad y oportunidad frente a fallas tecnológicas, así como protocolos más precisos de notificación a los usuarios. Aunque esa actualización no se refiere exclusivamente a débitos automáticos, sí refuerza un punto clave para cualquier nuevo uso de Bre-B: la claridad frente al usuario.
“En pagos como estos no basta con quitar pasos; también hay que garantizar seguridad y visibilidad para todos los participantes. La adopción de verdad llega cuando el usuario siente que le simplifican la vida sin dejarlo a ciegas frente a su dinero”, concluye Pinilla.
Si esta opción gana terreno, el avance no se medirá solo por quién habilitó primero este uso en Colombia, sino por su capacidad de resolver una necesidad cotidiana: que las personas puedan cumplir sus pagos recurrentes con menos pasos, menos olvidos y mayor control sobre su dinero. En esa transición, las llaves Bre-B podrían dejar de ser solo una forma rápida de transferir plata para convertirse también en una herramienta de organización financiera diaria.

Pagar a tiempo el colegio, la administración, una suscripción, un seguro o una cuota de crédito muchas veces depende menos de la plata que de acordarse. También implica entrar a una aplicación o a un portal, revisar un enlace, confirmar un monto o repetir cada mes el mismo proceso. Sobre esa fricción cotidiana empieza a abrirse una nueva etapa en el uso de la infraestructura Bre-B: no solo mover dinero en segundos, sino conectar esa velocidad con necesidades más frecuentes de la vida diaria.
La red de pagos inmediatos del Banco de la República ya superó los 670 millones de transacciones y los $105 billones movilizados en sus primeros seis meses de operación, una escala que cambió la conversación. El reto ya no es únicamente facilitar transferencias inmediatas entre personas, sino convertir esa infraestructura en una herramienta más útil para pagos, cobros y operaciones que hacen parte de la economía cotidiana.
Una señal concreta de ese giro ya apareció en el mercado. La Fintech DRUO se convirtió en el primer jugador en Colombia en habilitar débitos automáticos a llaves Bre-B, una novedad que lleva esta infraestructura más allá de la transferencia puntual y la acerca a pagos que se repiten todos los meses. En la práctica, la persona asocia y valida su llave Bre-B dentro del proceso de autorización una sola vez y, desde ahí, deja aprobados cargos periódicos sin tener que repetir manualmente el proceso en cada fecha de cobro.
Visto desde el bolsillo, el cambio puede sentirse en situaciones muy concretas: la mensualidad del colegio o la universidad, la cuota del gimnasio, una membresía, un seguro, un servicio que siempre vence el mismo día o una obligación de crédito de bajo monto.
“Colombia ha avanzado bastante en el acceso a productos financieros como cuentas y billeteras, pero todavía tiene una deuda en el uso. Históricamente los pagos automáticos se habilitan para tarjetas, mientras que las cuentas bancarias, billeteras y ahora las llaves Bre-B, que tienen mayor penetración, no han sido tan fáciles de usar para programar pagos recurrentes. Eso es parte de la fricción que buscamos resolver al habilitar débitos automáticos directamente desde cuentas o billeteras usando llaves Bre-B”, dice Simón Pinilla, cofundador de la Fintech DRUO.
Los datos más recientes de la Superfinanciera apuntan en la misma dirección. Con corte a septiembre de 2025, el acceso a productos financieros llegó a 96,4 %, el uso efectivo se ubicó en 85 % y el acceso a crédito en 36,1 %. En otras palabras, el desafío ya no es solo que más personas entren al sistema, sino que puedan usarlo mejor en pagos de todos los meses.
La novedad también conversa con la siguiente etapa que ya empezó a dibujar el Banco de la República para Bre-B. Tras el despegue inicial, el emisor prevé pagos electrónicos entre empresas, recaudos, dispersiones a proveedores y nómina, además de la incorporación y unificación de códigos QR para facilitar pagos en comercios. Más que una red para transferencias inmediatas entre personas, el sistema empieza a perfilarse como una plataforma para resolver más flujos de plata en la economía real.
Desde esa óptica, este paso no luce como una innovación aislada. La apuesta consiste en aprovechar una infraestructura ya masificada para habilitar pagos previamente autorizados, sin esperar a que cada nueva fase termine de desplegarse.
“Cuando una herramienta deja de servir solo para enviar o recibir plata y empieza a ordenar pagos recurrentes, deja de ser una novedad tecnológica y entra a competir en la rutina financiera de las personas”, señala Pinilla.
Ahí está también una de sus diferencias frente a lo que ya existe. En el comercio digital colombiano los pagos desde cuenta no son nuevos, pero muchas veces siguen exigiendo que el usuario intervenga en cada operación. Las tarjetas, por su parte, han resuelto buena parte de la recurrencia, aunque no todos los usuarios las usan o las prefieren para sus pagos cotidianos. En ese punto busca ubicarse esta nueva opción: menos vueltas para quien paga y más puntualidad para quien cobra.
El potencial también se explica porque la base ya está montada. Bre-B permite operaciones de hasta 1.000 UVB por transacción, equivalentes a $12.110.000 en 2026, aunque cada entidad financiera puede fijar límites propios en valor, número de operaciones u otros criterios de seguridad. Además, las llaves pueden estar asociadas al documento, al celular, al correo electrónico, a un identificador alfanumérico o, en el caso de los comercios, a un código del establecimiento. Eso muestra que el siguiente salto no depende tanto de crear otro sistema, sino de ampliar los usos de uno que ya alcanzó escala masiva.
Pero la prueba real no estará solo en la velocidad. También será clave que el usuario entienda qué está autorizando, cómo puede cancelar ese permiso, qué información recibirá antes de cada cargo y qué ruta tendrá si detecta una operación que no reconoce. En marzo de 2026, el Banco de la República actualizó la regulación de Bre-B para exigir a las entidades financieras mayor claridad y oportunidad frente a fallas tecnológicas, así como protocolos más precisos de notificación a los usuarios. Aunque esa actualización no se refiere exclusivamente a débitos automáticos, sí refuerza un punto clave para cualquier nuevo uso de Bre-B: la claridad frente al usuario.
“En pagos como estos no basta con quitar pasos; también hay que garantizar seguridad y visibilidad para todos los participantes. La adopción de verdad llega cuando el usuario siente que le simplifican la vida sin dejarlo a ciegas frente a su dinero”, concluye Pinilla.
Si esta opción gana terreno, el avance no se medirá solo por quién habilitó primero este uso en Colombia, sino por su capacidad de resolver una necesidad cotidiana: que las personas puedan cumplir sus pagos recurrentes con menos pasos, menos olvidos y mayor control sobre su dinero. En esa transición, las llaves Bre-B podrían dejar de ser solo una forma rápida de transferir plata para convertirse también en una herramienta de organización financiera diaria.
Pagar a tiempo el colegio, la administración, una suscripción, un seguro o una cuota de crédito muchas veces depende menos de la plata que de acordarse. También implica entrar a una aplicación o a un portal, revisar un enlace, confirmar un monto o repetir cada mes el mismo proceso. Sobre esa fricción cotidiana empieza a abrirse una nueva etapa en el uso de la infraestructura Bre-B: no solo mover dinero en segundos, sino conectar esa velocidad con necesidades más frecuentes de la vida diaria.
La red de pagos inmediatos del Banco de la República ya superó los 670 millones de transacciones y los $105 billones movilizados en sus primeros seis meses de operación, una escala que cambió la conversación. El reto ya no es únicamente facilitar transferencias inmediatas entre personas, sino convertir esa infraestructura en una herramienta más útil para pagos, cobros y operaciones que hacen parte de la economía cotidiana.
Una señal concreta de ese giro ya apareció en el mercado. La Fintech DRUO se convirtió en el primer jugador en Colombia en habilitar débitos automáticos a llaves Bre-B, una novedad que lleva esta infraestructura más allá de la transferencia puntual y la acerca a pagos que se repiten todos los meses. En la práctica, la persona asocia y valida su llave Bre-B dentro del proceso de autorización una sola vez y, desde ahí, deja aprobados cargos periódicos sin tener que repetir manualmente el proceso en cada fecha de cobro.
Visto desde el bolsillo, el cambio puede sentirse en situaciones muy concretas: la mensualidad del colegio o la universidad, la cuota del gimnasio, una membresía, un seguro, un servicio que siempre vence el mismo día o una obligación de crédito de bajo monto.
“Colombia ha avanzado bastante en el acceso a productos financieros como cuentas y billeteras, pero todavía tiene una deuda en el uso. Históricamente los pagos automáticos se habilitan para tarjetas, mientras que las cuentas bancarias, billeteras y ahora las llaves Bre-B, que tienen mayor penetración, no han sido tan fáciles de usar para programar pagos recurrentes. Eso es parte de la fricción que buscamos resolver al habilitar débitos automáticos directamente desde cuentas o billeteras usando llaves Bre-B”, dice Simón Pinilla, cofundador de la Fintech DRUO.
Los datos más recientes de la Superfinanciera apuntan en la misma dirección. Con corte a septiembre de 2025, el acceso a productos financieros llegó a 96,4 %, el uso efectivo se ubicó en 85 % y el acceso a crédito en 36,1 %. En otras palabras, el desafío ya no es solo que más personas entren al sistema, sino que puedan usarlo mejor en pagos de todos los meses.
La novedad también conversa con la siguiente etapa que ya empezó a dibujar el Banco de la República para Bre-B. Tras el despegue inicial, el emisor prevé pagos electrónicos entre empresas, recaudos, dispersiones a proveedores y nómina, además de la incorporación y unificación de códigos QR para facilitar pagos en comercios. Más que una red para transferencias inmediatas entre personas, el sistema empieza a perfilarse como una plataforma para resolver más flujos de plata en la economía real.
Desde esa óptica, este paso no luce como una innovación aislada. La apuesta consiste en aprovechar una infraestructura ya masificada para habilitar pagos previamente autorizados, sin esperar a que cada nueva fase termine de desplegarse.
“Cuando una herramienta deja de servir solo para enviar o recibir plata y empieza a ordenar pagos recurrentes, deja de ser una novedad tecnológica y entra a competir en la rutina financiera de las personas”, señala Pinilla.
Ahí está también una de sus diferencias frente a lo que ya existe. En el comercio digital colombiano los pagos desde cuenta no son nuevos, pero muchas veces siguen exigiendo que el usuario intervenga en cada operación. Las tarjetas, por su parte, han resuelto buena parte de la recurrencia, aunque no todos los usuarios las usan o las prefieren para sus pagos cotidianos. En ese punto busca ubicarse esta nueva opción: menos vueltas para quien paga y más puntualidad para quien cobra.
El potencial también se explica porque la base ya está montada. Bre-B permite operaciones de hasta 1.000 UVB por transacción, equivalentes a $12.110.000 en 2026, aunque cada entidad financiera puede fijar límites propios en valor, número de operaciones u otros criterios de seguridad. Además, las llaves pueden estar asociadas al documento, al celular, al correo electrónico, a un identificador alfanumérico o, en el caso de los comercios, a un código del establecimiento. Eso muestra que el siguiente salto no depende tanto de crear otro sistema, sino de ampliar los usos de uno que ya alcanzó escala masiva.
Pero la prueba real no estará solo en la velocidad. También será clave que el usuario entienda qué está autorizando, cómo puede cancelar ese permiso, qué información recibirá antes de cada cargo y qué ruta tendrá si detecta una operación que no reconoce. En marzo de 2026, el Banco de la República actualizó la regulación de Bre-B para exigir a las entidades financieras mayor claridad y oportunidad frente a fallas tecnológicas, así como protocolos más precisos de notificación a los usuarios. Aunque esa actualización no se refiere exclusivamente a débitos automáticos, sí refuerza un punto clave para cualquier nuevo uso de Bre-B: la claridad frente al usuario.
“En pagos como estos no basta con quitar pasos; también hay que garantizar seguridad y visibilidad para todos los participantes. La adopción de verdad llega cuando el usuario siente que le simplifican la vida sin dejarlo a ciegas frente a su dinero”, concluye Pinilla.
Si esta opción gana terreno, el avance no se medirá solo por quién habilitó primero este uso en Colombia, sino por su capacidad de resolver una necesidad cotidiana: que las personas puedan cumplir sus pagos recurrentes con menos pasos, menos olvidos y mayor control sobre su dinero. En esa transición, las llaves Bre-B podrían dejar de ser solo una forma rápida de transferir plata para convertirse también en una herramienta de organización financiera diaria.