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Las stablecoins están dejando de ser un activo asociado exclusivamente al ecosistema cripto para convertirse en una pieza clave de la infraestructura financiera global. Su capacidad para facilitar pagos internacionales, reducir costos operativos y ofrecer liquidaciones en tiempo real las está posicionando como una tecnología cada vez más relevante para modernizar el movimiento de dinero entre empresas y países.
Ese fue uno de los principales temas del panel "La nueva columna vertebral de los pagos: las stablecoins como infraestructura clave para la liquidez global", realizado en el marco de la Stablecoin Conference, el evento organizado por Bitso Business que reunió a líderes de la industria para debatir la evolución de los pagos digitales y la nueva infraestructura basada en activos digitales.
Entre los panelistas destacó Gustavo Ruiz, Chairman & CEO de Movantis, partner de Latam Fintech Hub, quien expuso la visión de la compañía sobre el papel de las stablecoins en la gestión de liquidez y el movimiento internacional del valor. El panel también incluyó a Imran Ahmad, COO de Bitso; Jack McDonald, SVP of Stablecoins de Ripple; y Massimo Cervesato, vicepresidente de Global Blockchain & Digital Assets de Mastercard.
Durante el panel, Gustavo Ruiz explicó que el valor de las stablecoins no radica únicamente en la rapidez de las transacciones, sino en su capacidad para solucionar tres desafíos estructurales del sistema financiero internacional.
El primero es la liquidez inmovilizada. En el modelo tradicional de banca corresponsal, las empresas deben mantener fondos predepositados en distintos mercados para poder operar, lo que implica capital detenido y mayores costos financieros.
El segundo desafío son las ventanas de liquidación. Mientras los sistemas bancarios funcionan bajo horarios específicos y se detienen durante fines de semana o días festivos, las redes basadas en stablecoins permiten liquidaciones prácticamente continuas.
Finalmente, Ruiz destacó la transparencia cambiaria. Al utilizar un dólar digital como activo intermedio, las empresas cuentan con un punto de referencia claro y auditable antes de realizar la conversión a la moneda local.
"El usuario final nunca se despierta queriendo usar una stablecoin. Lo que quiere es que su dinero llegue en minutos, en su moneda y sin perder valor. Las stablecoins son simplemente el mecanismo para lograrlo; deberían ser invisibles", afirmó.
Uno de los temas centrales de la conversación fue cómo convertir esos dólares digitales en moneda local de forma inmediata y cumpliendo con la regulación de cada país.
Aunque la tokenización facilita el movimiento del valor entre jurisdicciones, el reto comienza cuando esos recursos deben convertirse en pesos, soles o cualquier otra moneda y llegar a una cuenta bancaria, una billetera digital o incluso a una red de efectivo.
De acuerdo con Ruiz, ese "último kilómetro" es donde se concentra la mayor complejidad operativa.
Para resolver ese desafío, Movantis ha construido una infraestructura que combina licencias regulatorias y conexiones locales en distintos mercados. La compañía opera como transmisor de dinero autorizado en Estados Unidos para originar las operaciones y cuenta con entidades reguladas en varios países de América Latina para recibir y distribuir los fondos, con capacidades de off-ramp en más de diez mercados de la región.
El objetivo es que las empresas puedan mover dinero utilizando infraestructura basada en blockchain mientras sus clientes o proveedores reciben recursos en moneda local a través de los canales financieros tradicionales.
"Una stablecoin que no puede convertirse en moneda local en el último kilómetro es simplemente un activo atrapado. La infraestructura es lo que transforma un dólar digital en los alimentos que una familia compra en Guadalajara.", sostuvo Ruiz
Otro de los debates del panel giró en torno a si las stablecoins terminarán reemplazando la infraestructura financiera existente o si convivirán con ella.
Para Ruiz, el futuro no pasa por sustituir los sistemas actuales, sino por integrarlos.
"Sin duda la oportunidad está en la orquestación", afirmó.
Explicó que América Latina mantiene una realidad heterogénea. En muchos mercados el efectivo continúa siendo un medio de pago predominante, mientras que sistemas de pagos inmediatos como Pix, en Brasil, o SPEI, en México, ya forman parte esencial de la infraestructura financiera.
En ese contexto, las stablecoins representan un nuevo riel que puede conectarse con los sistemas existentes para facilitar pagos más eficientes sin reemplazar necesariamente los mecanismos tradicionales.
Al cierre del panel, los participantes debatieron cuál será la condición necesaria para que las stablecoins alcancen una adopción masiva.
Para Gustavo Ruiz, el verdadero éxito llegará cuando la tecnología deje de ser visible para el usuario.
"Las stablecoins habrán triunfado el día en que se vuelvan invisibles. Nadie habla de TCP/IP cuando envía un correo electrónico; el día en que nadie hable de stablecoins al enviar dinero, la apuesta habrá dado resultado."
La reflexión resume una de las principales conclusiones del encuentro: el futuro de los pagos internacionales no dependerá únicamente de la tecnología blockchain, sino de la capacidad de integrarla con la infraestructura financiera existente para que empresas y usuarios puedan mover dinero de forma más rápida, transparente y eficiente, sin necesidad de entender la complejidad que ocurre detrás de cada transacción.
Las stablecoins están dejando de ser un activo asociado exclusivamente al ecosistema cripto para convertirse en una pieza clave de la infraestructura financiera global. Su capacidad para facilitar pagos internacionales, reducir costos operativos y ofrecer liquidaciones en tiempo real las está posicionando como una tecnología cada vez más relevante para modernizar el movimiento de dinero entre empresas y países.
Ese fue uno de los principales temas del panel "La nueva columna vertebral de los pagos: las stablecoins como infraestructura clave para la liquidez global", realizado en el marco de la Stablecoin Conference, el evento organizado por Bitso Business que reunió a líderes de la industria para debatir la evolución de los pagos digitales y la nueva infraestructura basada en activos digitales.
Entre los panelistas destacó Gustavo Ruiz, Chairman & CEO de Movantis, partner de Latam Fintech Hub, quien expuso la visión de la compañía sobre el papel de las stablecoins en la gestión de liquidez y el movimiento internacional del valor. El panel también incluyó a Imran Ahmad, COO de Bitso; Jack McDonald, SVP of Stablecoins de Ripple; y Massimo Cervesato, vicepresidente de Global Blockchain & Digital Assets de Mastercard.
Durante el panel, Gustavo Ruiz explicó que el valor de las stablecoins no radica únicamente en la rapidez de las transacciones, sino en su capacidad para solucionar tres desafíos estructurales del sistema financiero internacional.
El primero es la liquidez inmovilizada. En el modelo tradicional de banca corresponsal, las empresas deben mantener fondos predepositados en distintos mercados para poder operar, lo que implica capital detenido y mayores costos financieros.
El segundo desafío son las ventanas de liquidación. Mientras los sistemas bancarios funcionan bajo horarios específicos y se detienen durante fines de semana o días festivos, las redes basadas en stablecoins permiten liquidaciones prácticamente continuas.
Finalmente, Ruiz destacó la transparencia cambiaria. Al utilizar un dólar digital como activo intermedio, las empresas cuentan con un punto de referencia claro y auditable antes de realizar la conversión a la moneda local.
"El usuario final nunca se despierta queriendo usar una stablecoin. Lo que quiere es que su dinero llegue en minutos, en su moneda y sin perder valor. Las stablecoins son simplemente el mecanismo para lograrlo; deberían ser invisibles", afirmó.
Uno de los temas centrales de la conversación fue cómo convertir esos dólares digitales en moneda local de forma inmediata y cumpliendo con la regulación de cada país.
Aunque la tokenización facilita el movimiento del valor entre jurisdicciones, el reto comienza cuando esos recursos deben convertirse en pesos, soles o cualquier otra moneda y llegar a una cuenta bancaria, una billetera digital o incluso a una red de efectivo.
De acuerdo con Ruiz, ese "último kilómetro" es donde se concentra la mayor complejidad operativa.
Para resolver ese desafío, Movantis ha construido una infraestructura que combina licencias regulatorias y conexiones locales en distintos mercados. La compañía opera como transmisor de dinero autorizado en Estados Unidos para originar las operaciones y cuenta con entidades reguladas en varios países de América Latina para recibir y distribuir los fondos, con capacidades de off-ramp en más de diez mercados de la región.
El objetivo es que las empresas puedan mover dinero utilizando infraestructura basada en blockchain mientras sus clientes o proveedores reciben recursos en moneda local a través de los canales financieros tradicionales.
"Una stablecoin que no puede convertirse en moneda local en el último kilómetro es simplemente un activo atrapado. La infraestructura es lo que transforma un dólar digital en los alimentos que una familia compra en Guadalajara.", sostuvo Ruiz
Otro de los debates del panel giró en torno a si las stablecoins terminarán reemplazando la infraestructura financiera existente o si convivirán con ella.
Para Ruiz, el futuro no pasa por sustituir los sistemas actuales, sino por integrarlos.
"Sin duda la oportunidad está en la orquestación", afirmó.
Explicó que América Latina mantiene una realidad heterogénea. En muchos mercados el efectivo continúa siendo un medio de pago predominante, mientras que sistemas de pagos inmediatos como Pix, en Brasil, o SPEI, en México, ya forman parte esencial de la infraestructura financiera.
En ese contexto, las stablecoins representan un nuevo riel que puede conectarse con los sistemas existentes para facilitar pagos más eficientes sin reemplazar necesariamente los mecanismos tradicionales.
Al cierre del panel, los participantes debatieron cuál será la condición necesaria para que las stablecoins alcancen una adopción masiva.
Para Gustavo Ruiz, el verdadero éxito llegará cuando la tecnología deje de ser visible para el usuario.
"Las stablecoins habrán triunfado el día en que se vuelvan invisibles. Nadie habla de TCP/IP cuando envía un correo electrónico; el día en que nadie hable de stablecoins al enviar dinero, la apuesta habrá dado resultado."
La reflexión resume una de las principales conclusiones del encuentro: el futuro de los pagos internacionales no dependerá únicamente de la tecnología blockchain, sino de la capacidad de integrarla con la infraestructura financiera existente para que empresas y usuarios puedan mover dinero de forma más rápida, transparente y eficiente, sin necesidad de entender la complejidad que ocurre detrás de cada transacción.
Las stablecoins están dejando de ser un activo asociado exclusivamente al ecosistema cripto para convertirse en una pieza clave de la infraestructura financiera global. Su capacidad para facilitar pagos internacionales, reducir costos operativos y ofrecer liquidaciones en tiempo real las está posicionando como una tecnología cada vez más relevante para modernizar el movimiento de dinero entre empresas y países.
Ese fue uno de los principales temas del panel "La nueva columna vertebral de los pagos: las stablecoins como infraestructura clave para la liquidez global", realizado en el marco de la Stablecoin Conference, el evento organizado por Bitso Business que reunió a líderes de la industria para debatir la evolución de los pagos digitales y la nueva infraestructura basada en activos digitales.
Entre los panelistas destacó Gustavo Ruiz, Chairman & CEO de Movantis, partner de Latam Fintech Hub, quien expuso la visión de la compañía sobre el papel de las stablecoins en la gestión de liquidez y el movimiento internacional del valor. El panel también incluyó a Imran Ahmad, COO de Bitso; Jack McDonald, SVP of Stablecoins de Ripple; y Massimo Cervesato, vicepresidente de Global Blockchain & Digital Assets de Mastercard.
Durante el panel, Gustavo Ruiz explicó que el valor de las stablecoins no radica únicamente en la rapidez de las transacciones, sino en su capacidad para solucionar tres desafíos estructurales del sistema financiero internacional.
El primero es la liquidez inmovilizada. En el modelo tradicional de banca corresponsal, las empresas deben mantener fondos predepositados en distintos mercados para poder operar, lo que implica capital detenido y mayores costos financieros.
El segundo desafío son las ventanas de liquidación. Mientras los sistemas bancarios funcionan bajo horarios específicos y se detienen durante fines de semana o días festivos, las redes basadas en stablecoins permiten liquidaciones prácticamente continuas.
Finalmente, Ruiz destacó la transparencia cambiaria. Al utilizar un dólar digital como activo intermedio, las empresas cuentan con un punto de referencia claro y auditable antes de realizar la conversión a la moneda local.
"El usuario final nunca se despierta queriendo usar una stablecoin. Lo que quiere es que su dinero llegue en minutos, en su moneda y sin perder valor. Las stablecoins son simplemente el mecanismo para lograrlo; deberían ser invisibles", afirmó.
Uno de los temas centrales de la conversación fue cómo convertir esos dólares digitales en moneda local de forma inmediata y cumpliendo con la regulación de cada país.
Aunque la tokenización facilita el movimiento del valor entre jurisdicciones, el reto comienza cuando esos recursos deben convertirse en pesos, soles o cualquier otra moneda y llegar a una cuenta bancaria, una billetera digital o incluso a una red de efectivo.
De acuerdo con Ruiz, ese "último kilómetro" es donde se concentra la mayor complejidad operativa.
Para resolver ese desafío, Movantis ha construido una infraestructura que combina licencias regulatorias y conexiones locales en distintos mercados. La compañía opera como transmisor de dinero autorizado en Estados Unidos para originar las operaciones y cuenta con entidades reguladas en varios países de América Latina para recibir y distribuir los fondos, con capacidades de off-ramp en más de diez mercados de la región.
El objetivo es que las empresas puedan mover dinero utilizando infraestructura basada en blockchain mientras sus clientes o proveedores reciben recursos en moneda local a través de los canales financieros tradicionales.
"Una stablecoin que no puede convertirse en moneda local en el último kilómetro es simplemente un activo atrapado. La infraestructura es lo que transforma un dólar digital en los alimentos que una familia compra en Guadalajara.", sostuvo Ruiz
Otro de los debates del panel giró en torno a si las stablecoins terminarán reemplazando la infraestructura financiera existente o si convivirán con ella.
Para Ruiz, el futuro no pasa por sustituir los sistemas actuales, sino por integrarlos.
"Sin duda la oportunidad está en la orquestación", afirmó.
Explicó que América Latina mantiene una realidad heterogénea. En muchos mercados el efectivo continúa siendo un medio de pago predominante, mientras que sistemas de pagos inmediatos como Pix, en Brasil, o SPEI, en México, ya forman parte esencial de la infraestructura financiera.
En ese contexto, las stablecoins representan un nuevo riel que puede conectarse con los sistemas existentes para facilitar pagos más eficientes sin reemplazar necesariamente los mecanismos tradicionales.
Al cierre del panel, los participantes debatieron cuál será la condición necesaria para que las stablecoins alcancen una adopción masiva.
Para Gustavo Ruiz, el verdadero éxito llegará cuando la tecnología deje de ser visible para el usuario.
"Las stablecoins habrán triunfado el día en que se vuelvan invisibles. Nadie habla de TCP/IP cuando envía un correo electrónico; el día en que nadie hable de stablecoins al enviar dinero, la apuesta habrá dado resultado."
La reflexión resume una de las principales conclusiones del encuentro: el futuro de los pagos internacionales no dependerá únicamente de la tecnología blockchain, sino de la capacidad de integrarla con la infraestructura financiera existente para que empresas y usuarios puedan mover dinero de forma más rápida, transparente y eficiente, sin necesidad de entender la complejidad que ocurre detrás de cada transacción.