
El open finance puede cambiar el negocio financiero argentino porque modifica una regla central: los datos dejan de estar encerrados en una sola entidad y pasan a circular, con consentimiento del usuario, entre bancos, billeteras, fintechs y otros actores del ecosistema.
Para bancos, aseguradoras y compañías de servicios financieros, esto no será solo una discusión regulatoria. Será una discusión de arquitectura tecnológica, gobierno de datos, identidad digital, fraude, experiencia de cliente y capacidad de competir en tiempo real.
El Decreto 353/2025 creó el Sistema de Finanzas Abiertas para que personas humanas y jurídicas, mediante consentimiento expreso, puedan compartir información con entidades del sistema financiero registradas en el BCRA. El objetivo declarado es desarrollar el crédito, la competencia y la inclusión financiera; además, el Banco Central quedó como autoridad de aplicación y responsable de definir parámetros, estándares y requisitos.
El avance del open finance no será solo una discusión regulatoria. Implicará revisar arquitectura tecnológica, gobierno de datos, identidad digital, fraude, experiencia de cliente y capacidad de competir en tiempo real.
Índice de temas
El open finance es un modelo que permite compartir datos financieros entre entidades autorizadas, bajo consentimiento del cliente, para ofrecer productos más personalizados, competitivos y ágiles.
En la Argentina, el punto de partida normativo ya está dado: el decreto oficializó el Sistema de Finanzas Abiertas y estableció que el BCRA deberá definir las condiciones de implementación.
La propia agenda del Banco Central lo vincula con inclusión, competencia y crédito. En su Informe de Inclusión Financiera del primer semestre de 2025, el BCRA destacó la creación del SFA como una medida para promover mayor competencia, inclusión financiera y desarrollo del crédito.
El organismo también señaló que las personas y empresas podrán compartir información económico-financiera disponible en organismos públicos o en entidades registradas ante el BCRA con otras entidades que consideren pertinentes.
Santiago Bausili, presidente del BCRA, lo presentó con una idea directa: “cada uno es dueño de su información financiera”. La frase es relevante porque desplaza el foco desde la entidad que conserva los datos hacia el usuario que decide compartirlos.
Para un CIO bancario, esa frase implica una pregunta operativa: ¿la organización está preparada para recibir, proteger, procesar y devolver valor con datos compartidos en tiempo real?
La Argentina ya cuenta con una base de interoperabilidad sobre la cual puede avanzar el open finance. El Informe de Pagos Minoristas de abril de 2026 muestra que los pagos con transferencia interoperables mediante QR totalizaron 99,6 millones de operaciones en pesos, y que el BCRA tenía registradas 89 billeteras digitales interoperables y 62 aceptadores de pagos con transferencia.
Ese dato es clave: el usuario argentino ya incorporó pagos digitales, códigos QR, billeteras y transferencias inmediatas. Ahora, la próxima capa consiste en usar esa infraestructura y esos datos para mejorar el scoring crediticio, la originación de préstamos, el onboarding, la prevención del fraude, los seguros embebidos y la personalización de productos.
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El open finance no se implementa con un comunicado. Requiere rediseñar las capacidades críticas de IT.
El corazón técnico del modelo será la integración vía APIs. No alcanza con exponer datos: hay que hacerlo con estándares, autenticación fuerte, trazabilidad, límites de consumo, auditoría y monitoreo.
Para el CIO, esto implica revisar:
El caso de Brasil muestra la magnitud que puede alcanzar este modelo. El Banco Central de Brasil define Open Finance como una iniciativa para promover la competencia y mejorar la oferta de productos y servicios; además, exige APIs dedicadas para compartir datos y servicios en formato procesable por máquinas.
El open finance obliga a distinguir entre “tener datos” y “gobernar datos”. La diferencia es decisiva.
Un banco, una aseguradora o una fintech necesitarán saber:
En otras palabras, el consentimiento se convierte en un activo tecnológico y legal. El CIO deberá coordinar con Legales, Compliance, CISO, Riesgos, Producto y Negocio para que la experiencia sea simple para el usuario, pero robusta para la organización.
Más intercambio de datos implica más superficie de ataque. IBM estimó en su informe Cost of a Data Breach 2025 que el costo promedio global de una filtración fue de US$ 4,44 millones, y que la adopción rápida de IA sin gobierno adecuado ya aparece como un nuevo factor de riesgo.
Para el sector financiero argentino, el riesgo no radica solo en una brecha de datos. También está en:
El impacto variará según el tipo de entidad, pero todos deberán revisar su estrategia tecnológica.
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En Argentina, el SFA nace bajo la órbita del BCRA y se orienta a las entidades del sistema financiero registradas ante el Banco Central. Pero para las aseguradoras, el movimiento no debería leerse como ajeno.
En Europa, por ejemplo, la propuesta de Financial Data Access busca ampliar el intercambio de datos más allá de las cuentas de pago y abrir la puerta a productos financieros más personalizados, como seguros, inversiones y pensiones.
La lectura para el mercado argentino es clara: aunque el primer impacto regulatorio sea bancario y fintech, la lógica de datos abiertos puede llegar al seguro a través de alianzas, bancaseguros, embedded insurance, scoring de riesgo, prevención de fraude y experiencia digital.
La Cámara Argentina Fintech celebró el anuncio del Sistema de Finanzas Abiertas y remarcó la necesidad de una colaboración público-privada.
También advirtió que una implementación exitosa debe evitar errores vistos en otras jurisdicciones, como esquemas poco usables, altos costos o baja adopción.
Juan Inchauspe, director del BCRA, vinculó la agenda de open finance con interoperabilidad, pagos digitales y expansión del crédito. En el Forbes Fintech & Technology Summit, el enfoque presentado fue converger banca tradicional y fintech para simplificar el acceso a la información y mejorar el crédito al usuario final.
A nivel global, Gartner sintetiza la agenda CIO 2026 alrededor de tres capacidades: agilidad, preparación ante el riesgo y tenacidad. Ese marco aplica especialmente al open finance: moverse rápido, pero sin romper el gobierno, la seguridad ni la confianza.
McKinsey, en su Global Banking Annual Review 2025, sostiene que en la banca la ventaja ya no dependerá solo del tamaño, sino de la “precisión”: usar IA, datos y tecnología para tomar mejores decisiones, personalizar y ejecutar con más foco.
Uno de los mayores argumentos a favor del open finance es que puede mejorar la evaluación crediticia. Si una entidad accede, con permiso del usuario, a información adicional sobre ingresos, pagos, comportamiento financiero o actividad económica, puede construir una visión más completa del riesgo.
Esto puede beneficiar especialmente a:
El BCRA ya lo enmarca dentro de su objetivo de inclusión financiera. En el mismo informe, el organismo señaló que la profundidad del ahorro, la inversión y el crédito de las personas humanas en relación con el PIB seguía en niveles relativamente bajos, aun con mejoras en la cobertura.
El open finance puede mejorar la competencia, pero también puede multiplicar riesgos si se implementa con datos de baja calidad, integraciones frágiles o controles débiles.
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El open finance no debería abordarse como un proyecto aislado de compliance. Debe convertirse en un programa transversal de transformación.
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El open finance promete mejores créditos, productos más personalizados y más competencia. Pero el valor no vendrá solo por abrir datos. Vendrá de la capacidad de cada organización para convertir esos datos en decisiones confiables, seguras y útiles para el cliente.
Para los CIOs de bancos, aseguradoras y servicios financieros en Argentina, la pregunta estratégica ya no es si el open finance llegará. La pregunta es quién estará listo para operar en un mercado donde la ventaja competitiva dependerá menos de retener información y más de gobernarla, protegerla y usarla mejor que los demás.
El open finance puede cambiar el negocio financiero argentino porque modifica una regla central: los datos dejan de estar encerrados en una sola entidad y pasan a circular, con consentimiento del usuario, entre bancos, billeteras, fintechs y otros actores del ecosistema.
Para bancos, aseguradoras y compañías de servicios financieros, esto no será solo una discusión regulatoria. Será una discusión de arquitectura tecnológica, gobierno de datos, identidad digital, fraude, experiencia de cliente y capacidad de competir en tiempo real.
El Decreto 353/2025 creó el Sistema de Finanzas Abiertas para que personas humanas y jurídicas, mediante consentimiento expreso, puedan compartir información con entidades del sistema financiero registradas en el BCRA. El objetivo declarado es desarrollar el crédito, la competencia y la inclusión financiera; además, el Banco Central quedó como autoridad de aplicación y responsable de definir parámetros, estándares y requisitos.
El avance del open finance no será solo una discusión regulatoria. Implicará revisar arquitectura tecnológica, gobierno de datos, identidad digital, fraude, experiencia de cliente y capacidad de competir en tiempo real.
Índice de temas
El open finance es un modelo que permite compartir datos financieros entre entidades autorizadas, bajo consentimiento del cliente, para ofrecer productos más personalizados, competitivos y ágiles.
En la Argentina, el punto de partida normativo ya está dado: el decreto oficializó el Sistema de Finanzas Abiertas y estableció que el BCRA deberá definir las condiciones de implementación.
La propia agenda del Banco Central lo vincula con inclusión, competencia y crédito. En su Informe de Inclusión Financiera del primer semestre de 2025, el BCRA destacó la creación del SFA como una medida para promover mayor competencia, inclusión financiera y desarrollo del crédito.
El organismo también señaló que las personas y empresas podrán compartir información económico-financiera disponible en organismos públicos o en entidades registradas ante el BCRA con otras entidades que consideren pertinentes.
Santiago Bausili, presidente del BCRA, lo presentó con una idea directa: “cada uno es dueño de su información financiera”. La frase es relevante porque desplaza el foco desde la entidad que conserva los datos hacia el usuario que decide compartirlos.
Para un CIO bancario, esa frase implica una pregunta operativa: ¿la organización está preparada para recibir, proteger, procesar y devolver valor con datos compartidos en tiempo real?
La Argentina ya cuenta con una base de interoperabilidad sobre la cual puede avanzar el open finance. El Informe de Pagos Minoristas de abril de 2026 muestra que los pagos con transferencia interoperables mediante QR totalizaron 99,6 millones de operaciones en pesos, y que el BCRA tenía registradas 89 billeteras digitales interoperables y 62 aceptadores de pagos con transferencia.
Ese dato es clave: el usuario argentino ya incorporó pagos digitales, códigos QR, billeteras y transferencias inmediatas. Ahora, la próxima capa consiste en usar esa infraestructura y esos datos para mejorar el scoring crediticio, la originación de préstamos, el onboarding, la prevención del fraude, los seguros embebidos y la personalización de productos.
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El open finance no se implementa con un comunicado. Requiere rediseñar las capacidades críticas de IT.
El corazón técnico del modelo será la integración vía APIs. No alcanza con exponer datos: hay que hacerlo con estándares, autenticación fuerte, trazabilidad, límites de consumo, auditoría y monitoreo.
Para el CIO, esto implica revisar:
El caso de Brasil muestra la magnitud que puede alcanzar este modelo. El Banco Central de Brasil define Open Finance como una iniciativa para promover la competencia y mejorar la oferta de productos y servicios; además, exige APIs dedicadas para compartir datos y servicios en formato procesable por máquinas.
El open finance obliga a distinguir entre “tener datos” y “gobernar datos”. La diferencia es decisiva.
Un banco, una aseguradora o una fintech necesitarán saber:
En otras palabras, el consentimiento se convierte en un activo tecnológico y legal. El CIO deberá coordinar con Legales, Compliance, CISO, Riesgos, Producto y Negocio para que la experiencia sea simple para el usuario, pero robusta para la organización.
Más intercambio de datos implica más superficie de ataque. IBM estimó en su informe Cost of a Data Breach 2025 que el costo promedio global de una filtración fue de US$ 4,44 millones, y que la adopción rápida de IA sin gobierno adecuado ya aparece como un nuevo factor de riesgo.
Para el sector financiero argentino, el riesgo no radica solo en una brecha de datos. También está en:
El impacto variará según el tipo de entidad, pero todos deberán revisar su estrategia tecnológica.
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En Argentina, el SFA nace bajo la órbita del BCRA y se orienta a las entidades del sistema financiero registradas ante el Banco Central. Pero para las aseguradoras, el movimiento no debería leerse como ajeno.
En Europa, por ejemplo, la propuesta de Financial Data Access busca ampliar el intercambio de datos más allá de las cuentas de pago y abrir la puerta a productos financieros más personalizados, como seguros, inversiones y pensiones.
La lectura para el mercado argentino es clara: aunque el primer impacto regulatorio sea bancario y fintech, la lógica de datos abiertos puede llegar al seguro a través de alianzas, bancaseguros, embedded insurance, scoring de riesgo, prevención de fraude y experiencia digital.
La Cámara Argentina Fintech celebró el anuncio del Sistema de Finanzas Abiertas y remarcó la necesidad de una colaboración público-privada.
También advirtió que una implementación exitosa debe evitar errores vistos en otras jurisdicciones, como esquemas poco usables, altos costos o baja adopción.
Juan Inchauspe, director del BCRA, vinculó la agenda de open finance con interoperabilidad, pagos digitales y expansión del crédito. En el Forbes Fintech & Technology Summit, el enfoque presentado fue converger banca tradicional y fintech para simplificar el acceso a la información y mejorar el crédito al usuario final.
A nivel global, Gartner sintetiza la agenda CIO 2026 alrededor de tres capacidades: agilidad, preparación ante el riesgo y tenacidad. Ese marco aplica especialmente al open finance: moverse rápido, pero sin romper el gobierno, la seguridad ni la confianza.
McKinsey, en su Global Banking Annual Review 2025, sostiene que en la banca la ventaja ya no dependerá solo del tamaño, sino de la “precisión”: usar IA, datos y tecnología para tomar mejores decisiones, personalizar y ejecutar con más foco.
Uno de los mayores argumentos a favor del open finance es que puede mejorar la evaluación crediticia. Si una entidad accede, con permiso del usuario, a información adicional sobre ingresos, pagos, comportamiento financiero o actividad económica, puede construir una visión más completa del riesgo.
Esto puede beneficiar especialmente a:
El BCRA ya lo enmarca dentro de su objetivo de inclusión financiera. En el mismo informe, el organismo señaló que la profundidad del ahorro, la inversión y el crédito de las personas humanas en relación con el PIB seguía en niveles relativamente bajos, aun con mejoras en la cobertura.
El open finance puede mejorar la competencia, pero también puede multiplicar riesgos si se implementa con datos de baja calidad, integraciones frágiles o controles débiles.
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El open finance no debería abordarse como un proyecto aislado de compliance. Debe convertirse en un programa transversal de transformación.
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El open finance promete mejores créditos, productos más personalizados y más competencia. Pero el valor no vendrá solo por abrir datos. Vendrá de la capacidad de cada organización para convertir esos datos en decisiones confiables, seguras y útiles para el cliente.
Para los CIOs de bancos, aseguradoras y servicios financieros en Argentina, la pregunta estratégica ya no es si el open finance llegará. La pregunta es quién estará listo para operar en un mercado donde la ventaja competitiva dependerá menos de retener información y más de gobernarla, protegerla y usarla mejor que los demás.
El open finance puede cambiar el negocio financiero argentino porque modifica una regla central: los datos dejan de estar encerrados en una sola entidad y pasan a circular, con consentimiento del usuario, entre bancos, billeteras, fintechs y otros actores del ecosistema.
Para bancos, aseguradoras y compañías de servicios financieros, esto no será solo una discusión regulatoria. Será una discusión de arquitectura tecnológica, gobierno de datos, identidad digital, fraude, experiencia de cliente y capacidad de competir en tiempo real.
El Decreto 353/2025 creó el Sistema de Finanzas Abiertas para que personas humanas y jurídicas, mediante consentimiento expreso, puedan compartir información con entidades del sistema financiero registradas en el BCRA. El objetivo declarado es desarrollar el crédito, la competencia y la inclusión financiera; además, el Banco Central quedó como autoridad de aplicación y responsable de definir parámetros, estándares y requisitos.
El avance del open finance no será solo una discusión regulatoria. Implicará revisar arquitectura tecnológica, gobierno de datos, identidad digital, fraude, experiencia de cliente y capacidad de competir en tiempo real.
Índice de temas
El open finance es un modelo que permite compartir datos financieros entre entidades autorizadas, bajo consentimiento del cliente, para ofrecer productos más personalizados, competitivos y ágiles.
En la Argentina, el punto de partida normativo ya está dado: el decreto oficializó el Sistema de Finanzas Abiertas y estableció que el BCRA deberá definir las condiciones de implementación.
La propia agenda del Banco Central lo vincula con inclusión, competencia y crédito. En su Informe de Inclusión Financiera del primer semestre de 2025, el BCRA destacó la creación del SFA como una medida para promover mayor competencia, inclusión financiera y desarrollo del crédito.
El organismo también señaló que las personas y empresas podrán compartir información económico-financiera disponible en organismos públicos o en entidades registradas ante el BCRA con otras entidades que consideren pertinentes.
Santiago Bausili, presidente del BCRA, lo presentó con una idea directa: “cada uno es dueño de su información financiera”. La frase es relevante porque desplaza el foco desde la entidad que conserva los datos hacia el usuario que decide compartirlos.
Para un CIO bancario, esa frase implica una pregunta operativa: ¿la organización está preparada para recibir, proteger, procesar y devolver valor con datos compartidos en tiempo real?
La Argentina ya cuenta con una base de interoperabilidad sobre la cual puede avanzar el open finance. El Informe de Pagos Minoristas de abril de 2026 muestra que los pagos con transferencia interoperables mediante QR totalizaron 99,6 millones de operaciones en pesos, y que el BCRA tenía registradas 89 billeteras digitales interoperables y 62 aceptadores de pagos con transferencia.
Ese dato es clave: el usuario argentino ya incorporó pagos digitales, códigos QR, billeteras y transferencias inmediatas. Ahora, la próxima capa consiste en usar esa infraestructura y esos datos para mejorar el scoring crediticio, la originación de préstamos, el onboarding, la prevención del fraude, los seguros embebidos y la personalización de productos.
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El open finance no se implementa con un comunicado. Requiere rediseñar las capacidades críticas de IT.
El corazón técnico del modelo será la integración vía APIs. No alcanza con exponer datos: hay que hacerlo con estándares, autenticación fuerte, trazabilidad, límites de consumo, auditoría y monitoreo.
Para el CIO, esto implica revisar:
El caso de Brasil muestra la magnitud que puede alcanzar este modelo. El Banco Central de Brasil define Open Finance como una iniciativa para promover la competencia y mejorar la oferta de productos y servicios; además, exige APIs dedicadas para compartir datos y servicios en formato procesable por máquinas.
El open finance obliga a distinguir entre “tener datos” y “gobernar datos”. La diferencia es decisiva.
Un banco, una aseguradora o una fintech necesitarán saber:
En otras palabras, el consentimiento se convierte en un activo tecnológico y legal. El CIO deberá coordinar con Legales, Compliance, CISO, Riesgos, Producto y Negocio para que la experiencia sea simple para el usuario, pero robusta para la organización.
Más intercambio de datos implica más superficie de ataque. IBM estimó en su informe Cost of a Data Breach 2025 que el costo promedio global de una filtración fue de US$ 4,44 millones, y que la adopción rápida de IA sin gobierno adecuado ya aparece como un nuevo factor de riesgo.
Para el sector financiero argentino, el riesgo no radica solo en una brecha de datos. También está en:
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En Argentina, el SFA nace bajo la órbita del BCRA y se orienta a las entidades del sistema financiero registradas ante el Banco Central. Pero para las aseguradoras, el movimiento no debería leerse como ajeno.
En Europa, por ejemplo, la propuesta de Financial Data Access busca ampliar el intercambio de datos más allá de las cuentas de pago y abrir la puerta a productos financieros más personalizados, como seguros, inversiones y pensiones.
La lectura para el mercado argentino es clara: aunque el primer impacto regulatorio sea bancario y fintech, la lógica de datos abiertos puede llegar al seguro a través de alianzas, bancaseguros, embedded insurance, scoring de riesgo, prevención de fraude y experiencia digital.
La Cámara Argentina Fintech celebró el anuncio del Sistema de Finanzas Abiertas y remarcó la necesidad de una colaboración público-privada.
También advirtió que una implementación exitosa debe evitar errores vistos en otras jurisdicciones, como esquemas poco usables, altos costos o baja adopción.
Juan Inchauspe, director del BCRA, vinculó la agenda de open finance con interoperabilidad, pagos digitales y expansión del crédito. En el Forbes Fintech & Technology Summit, el enfoque presentado fue converger banca tradicional y fintech para simplificar el acceso a la información y mejorar el crédito al usuario final.
A nivel global, Gartner sintetiza la agenda CIO 2026 alrededor de tres capacidades: agilidad, preparación ante el riesgo y tenacidad. Ese marco aplica especialmente al open finance: moverse rápido, pero sin romper el gobierno, la seguridad ni la confianza.
McKinsey, en su Global Banking Annual Review 2025, sostiene que en la banca la ventaja ya no dependerá solo del tamaño, sino de la “precisión”: usar IA, datos y tecnología para tomar mejores decisiones, personalizar y ejecutar con más foco.
Uno de los mayores argumentos a favor del open finance es que puede mejorar la evaluación crediticia. Si una entidad accede, con permiso del usuario, a información adicional sobre ingresos, pagos, comportamiento financiero o actividad económica, puede construir una visión más completa del riesgo.
Esto puede beneficiar especialmente a:
El BCRA ya lo enmarca dentro de su objetivo de inclusión financiera. En el mismo informe, el organismo señaló que la profundidad del ahorro, la inversión y el crédito de las personas humanas en relación con el PIB seguía en niveles relativamente bajos, aun con mejoras en la cobertura.
El open finance puede mejorar la competencia, pero también puede multiplicar riesgos si se implementa con datos de baja calidad, integraciones frágiles o controles débiles.
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El open finance no debería abordarse como un proyecto aislado de compliance. Debe convertirse en un programa transversal de transformación.
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Para los CIOs de bancos, aseguradoras y servicios financieros en Argentina, la pregunta estratégica ya no es si el open finance llegará. La pregunta es quién estará listo para operar en un mercado donde la ventaja competitiva dependerá menos de retener información y más de gobernarla, protegerla y usarla mejor que los demás.