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Hace un año, Colombia dio un paso importante en la evolución de sus pagos con la llegada de Bre-B. Hoy enviar dinero entre personas que tienen cuentas en diferentes entidades es más sencillo y rápido. Aunque todavía hay camino por recorrer, este primer año demuestra que conectar los sistemas financieros puede cambiar la forma en que usamos el dinero.
Uno de los principales avances de Bre-B es la interoperabilidad. Antes, las transferencias entre distintas entidades podían implicar más pasos o tiempos de espera. Ahora, las personas pueden enviar y recibir dinero de manera inmediata, sin que la entidad financiera en la que tienen su cuenta sea una barrera. Esto amplía las posibilidades de los pagos digitales y facilita su uso en situaciones tan cotidianas como dividir una cuenta, pagar un producto o recibir dinero por una venta.
Las cifras del Banco de la República dan cuenta de esta adopción. En su primer año, Bre-B alcanzó más de 36 millones de personas con al menos una llave registrada y superó los 116 millones de llaves. Además, ha procesado 1.796 millones de transacciones, a un ritmo de 89 pagos por segundo.
Hay otro cambio que vale la pena destacar y es el uso del efectivo. Según el balance del Banco de la República, las transacciones realizadas en efectivo pasaron de representar ocho de cada diez a seis de cada diez. Reducir esa dependencia puede mejorar la trazabilidad de los movimientos, facilitar el acceso a los servicios financieros y abrir oportunidades para que más pequeños negocios reciban pagos digitales. No se trata solo de cambiar la forma de pagar, sino de facilitar la participación de más personas y comercios en la economía formal.
Para que los pagos inmediatos funcionen, no basta con permitir transferencias en segundos. Se necesita una infraestructura tecnológica capaz de conectar a los distintos participantes, procesar las operaciones de forma segura y garantizar que las soluciones de pago puedan funcionar entre sí. La interoperabilidad depende, en buena medida, de esa capacidad de integración.
En Colombia, desde Dock hemos acompañado la evolución de Bre-B junto con Credibanco, compañía con más de 52 años de experiencia en el mercado de pagos electrónicos. Esta colaboración refleja la importancia de sumar capacidades y conocimiento para conectar las redes existentes y facilitar que más personas y negocios accedan a los pagos digitales.
Nuestra experiencia en Brasil con Pix también nos ha permitido conocer de cerca el potencial de los pagos inmediatos. Su evolución muestra cómo una infraestructura bien articulada puede transformar los hábitos de pago y las expectativas de los usuarios. Pero una de las principales lecciones es que el impacto no depende únicamente de la velocidad de las transacciones, sino de la capacidad de todo el ecosistema para operar de manera integrada.
El siguiente paso será lograr que estos avances lleguen a más comercios y se traduzcan en beneficios concretos para los usuarios. Para ello, será importante mantener una experiencia sencilla, fortalecer la confianza y seguir trabajando en la seguridad y la educación financiera. La tecnología debe facilitar las operaciones, no convertirse en una dificultad adicional para quienes la utilizan. Además, garantizar la disponibilidad del servicio, la seguridad, la prevención del fraude y la claridad de las operaciones siguen siendo fundamentales.
El primer año de Bre-B deja una buena señal para Colombia. Conectar los sistemas de pago permite reducir barreras que antes limitaban las transferencias y abre nuevas posibilidades para personas y negocios. Ahora, el desafío es consolidar esa interoperabilidad y aprovecharla para construir una economía más digital, segura, inclusiva y conectada. Desde Dock seguiremos trabajando con nuestros aliados para lograrlo.
Hace un año, Colombia dio un paso importante en la evolución de sus pagos con la llegada de Bre-B. Hoy enviar dinero entre personas que tienen cuentas en diferentes entidades es más sencillo y rápido. Aunque todavía hay camino por recorrer, este primer año demuestra que conectar los sistemas financieros puede cambiar la forma en que usamos el dinero.
Uno de los principales avances de Bre-B es la interoperabilidad. Antes, las transferencias entre distintas entidades podían implicar más pasos o tiempos de espera. Ahora, las personas pueden enviar y recibir dinero de manera inmediata, sin que la entidad financiera en la que tienen su cuenta sea una barrera. Esto amplía las posibilidades de los pagos digitales y facilita su uso en situaciones tan cotidianas como dividir una cuenta, pagar un producto o recibir dinero por una venta.
Las cifras del Banco de la República dan cuenta de esta adopción. En su primer año, Bre-B alcanzó más de 36 millones de personas con al menos una llave registrada y superó los 116 millones de llaves. Además, ha procesado 1.796 millones de transacciones, a un ritmo de 89 pagos por segundo.
Hay otro cambio que vale la pena destacar y es el uso del efectivo. Según el balance del Banco de la República, las transacciones realizadas en efectivo pasaron de representar ocho de cada diez a seis de cada diez. Reducir esa dependencia puede mejorar la trazabilidad de los movimientos, facilitar el acceso a los servicios financieros y abrir oportunidades para que más pequeños negocios reciban pagos digitales. No se trata solo de cambiar la forma de pagar, sino de facilitar la participación de más personas y comercios en la economía formal.
Para que los pagos inmediatos funcionen, no basta con permitir transferencias en segundos. Se necesita una infraestructura tecnológica capaz de conectar a los distintos participantes, procesar las operaciones de forma segura y garantizar que las soluciones de pago puedan funcionar entre sí. La interoperabilidad depende, en buena medida, de esa capacidad de integración.
En Colombia, desde Dock hemos acompañado la evolución de Bre-B junto con Credibanco, compañía con más de 52 años de experiencia en el mercado de pagos electrónicos. Esta colaboración refleja la importancia de sumar capacidades y conocimiento para conectar las redes existentes y facilitar que más personas y negocios accedan a los pagos digitales.
Nuestra experiencia en Brasil con Pix también nos ha permitido conocer de cerca el potencial de los pagos inmediatos. Su evolución muestra cómo una infraestructura bien articulada puede transformar los hábitos de pago y las expectativas de los usuarios. Pero una de las principales lecciones es que el impacto no depende únicamente de la velocidad de las transacciones, sino de la capacidad de todo el ecosistema para operar de manera integrada.
El siguiente paso será lograr que estos avances lleguen a más comercios y se traduzcan en beneficios concretos para los usuarios. Para ello, será importante mantener una experiencia sencilla, fortalecer la confianza y seguir trabajando en la seguridad y la educación financiera. La tecnología debe facilitar las operaciones, no convertirse en una dificultad adicional para quienes la utilizan. Además, garantizar la disponibilidad del servicio, la seguridad, la prevención del fraude y la claridad de las operaciones siguen siendo fundamentales.
El primer año de Bre-B deja una buena señal para Colombia. Conectar los sistemas de pago permite reducir barreras que antes limitaban las transferencias y abre nuevas posibilidades para personas y negocios. Ahora, el desafío es consolidar esa interoperabilidad y aprovecharla para construir una economía más digital, segura, inclusiva y conectada. Desde Dock seguiremos trabajando con nuestros aliados para lograrlo.
Hace un año, Colombia dio un paso importante en la evolución de sus pagos con la llegada de Bre-B. Hoy enviar dinero entre personas que tienen cuentas en diferentes entidades es más sencillo y rápido. Aunque todavía hay camino por recorrer, este primer año demuestra que conectar los sistemas financieros puede cambiar la forma en que usamos el dinero.
Uno de los principales avances de Bre-B es la interoperabilidad. Antes, las transferencias entre distintas entidades podían implicar más pasos o tiempos de espera. Ahora, las personas pueden enviar y recibir dinero de manera inmediata, sin que la entidad financiera en la que tienen su cuenta sea una barrera. Esto amplía las posibilidades de los pagos digitales y facilita su uso en situaciones tan cotidianas como dividir una cuenta, pagar un producto o recibir dinero por una venta.
Las cifras del Banco de la República dan cuenta de esta adopción. En su primer año, Bre-B alcanzó más de 36 millones de personas con al menos una llave registrada y superó los 116 millones de llaves. Además, ha procesado 1.796 millones de transacciones, a un ritmo de 89 pagos por segundo.
Hay otro cambio que vale la pena destacar y es el uso del efectivo. Según el balance del Banco de la República, las transacciones realizadas en efectivo pasaron de representar ocho de cada diez a seis de cada diez. Reducir esa dependencia puede mejorar la trazabilidad de los movimientos, facilitar el acceso a los servicios financieros y abrir oportunidades para que más pequeños negocios reciban pagos digitales. No se trata solo de cambiar la forma de pagar, sino de facilitar la participación de más personas y comercios en la economía formal.
Para que los pagos inmediatos funcionen, no basta con permitir transferencias en segundos. Se necesita una infraestructura tecnológica capaz de conectar a los distintos participantes, procesar las operaciones de forma segura y garantizar que las soluciones de pago puedan funcionar entre sí. La interoperabilidad depende, en buena medida, de esa capacidad de integración.
En Colombia, desde Dock hemos acompañado la evolución de Bre-B junto con Credibanco, compañía con más de 52 años de experiencia en el mercado de pagos electrónicos. Esta colaboración refleja la importancia de sumar capacidades y conocimiento para conectar las redes existentes y facilitar que más personas y negocios accedan a los pagos digitales.
Nuestra experiencia en Brasil con Pix también nos ha permitido conocer de cerca el potencial de los pagos inmediatos. Su evolución muestra cómo una infraestructura bien articulada puede transformar los hábitos de pago y las expectativas de los usuarios. Pero una de las principales lecciones es que el impacto no depende únicamente de la velocidad de las transacciones, sino de la capacidad de todo el ecosistema para operar de manera integrada.
El siguiente paso será lograr que estos avances lleguen a más comercios y se traduzcan en beneficios concretos para los usuarios. Para ello, será importante mantener una experiencia sencilla, fortalecer la confianza y seguir trabajando en la seguridad y la educación financiera. La tecnología debe facilitar las operaciones, no convertirse en una dificultad adicional para quienes la utilizan. Además, garantizar la disponibilidad del servicio, la seguridad, la prevención del fraude y la claridad de las operaciones siguen siendo fundamentales.
El primer año de Bre-B deja una buena señal para Colombia. Conectar los sistemas de pago permite reducir barreras que antes limitaban las transferencias y abre nuevas posibilidades para personas y negocios. Ahora, el desafío es consolidar esa interoperabilidad y aprovecharla para construir una economía más digital, segura, inclusiva y conectada. Desde Dock seguiremos trabajando con nuestros aliados para lograrlo.